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El segundo

Nunca hasta ahora ha sido tan imprescindible para la humanidad medir el tiempo con exactitud. Nuestra sociedad está plagada de aparatos y dispositivos que necesitan poder medir el tiempo con precisión exasperante. Desde un “simple” GPS hasta los ingenios espaciales más sofisticados. Toda esa tecnología no sirve si no somos precisos en la medición del tiempo. Y que esto estaba empezando a ser así ya se notó a mediados del siglo pasado, cuando en 1956 fue necesario modificar la definición que tenemos para el segundo.

La navegación y la astronomía

Hoy en día, el GPS nos hace la vida más fácil. Pero antaño, sin aparatos electrónicos complejos, el ser humano fue capaz de descubrir continentes, dar la vuelta al mundo, llegar a buen puerto en islas perdidas en medio del océano... en resumen, navegar. Y para ello, la única referencia, la única guía, estaba en los cielos.

Einstein y el GPS

Actualmente hay un asedio contra la Teoría General de la Relatividad. No porque se piense que no es correcta, ni mucho menos. En el fondo, todo el mundo acepta la teoría como una descripción del campo gravitatorio, como una mejora de la teoría de la gravitación de Newton. Una mejora que permite explicar un mayor número de fenómenos y con mucha mayor precisión.

La idea brillante de Einstein

Fue el 25 de diciembre de 1915, en la cuarta sesión de los jueves. Hace cien años y unos meses. Me lo imagino entrando en la Academia prusiana de Ciencias para presentar su teoría en un artículo que iba a cambiar para siempre la forma que tenemos los seres humanos de ver el Universo, sintiendo que se libraba de un gran peso sobre sus hombros. Seguro que pensó: «ya está hecho. Aquí tengo en una única teoría la descripción del espacio, del tiempo y de la materia».