Lago Gale, cráter Gale…

En agosto de 2012, NASA hizo fácil lo difícil. La nave CURIOSITY aterrizaba o amartizaba, como lo queramos decir, en suelo marciano. No es tarea fácil llevar una sonda a Marte. Y lo es menos, si esa sonda es del tamaño de un coche y lleva entre sus tripas la tecnología punta de la que somos capaces actualmente. Por otra parte y para añadir un poco más de dificultad, la nave no era adaptativa: es decir, llevaba el plan de vuelo definido desde Tierra, por lo que no hubiéramos podido evitar lanzarla contra una tormenta de arena, si esas hubieran sido las condiciones en el momento y lugar de aterrizaje. No es fácil llevar una sonda a Marte. Y si no, que se lo digan a la ESA que, hace unos meses, perdía el módulo de aterrizaje de la EXOMARS, la sonda Schiaparelli, intentando una hazaña similar. La ESA tiene una asignatura pendiente con Marte.

La relación entre los géisers de Europa y la vida.

Una de las primeras misiones en las que se embarcó el ser humano cuando comenzó a atisbar la «orilla del océano cósmico» fue la de los Viajeros 1 y 2, los Voyager 1 y 2. A modo de carabelas, como diría Carl Sagan, estas naves exploran el cosmos. Se diseñaron para un viaje sin retorno, pensando que, aunque no volvieran, pudieran enviarnos imágenes e información de lo que veían. Y así ocurrió desde finales de los años 70 en que fueron construidas y lanzadas. Son rudimentarias. Unas de las primeras sondas construidas por los primitivos exploradores humanos del cosmos. Pero son una obra de arte.

Galaxias escondidas

Nuestro universo está lleno de misterios. Retos para los astrónomos y la tecnología. La nueva generación de telescopios junto con la aplicación de técnicas de VLBI, nos está permitiendo «mirar» más lejos y aumentar la resolución de nuestros telescopios. ALMA es, sin duda, el mejor ejemplo de ello. Los casos de éxito de este complejo astronómico son innumerables y misterios antiguos ya no lo son tanto. Como muestra, un botón: las manchas Lyman-Alfa, enormes nubes de gas que pueden llegar a los cientos de miles de años luz de tamaño y que se encuentran a distancias enormes brillando espectacularmente.

Siding Spring, el cometa que atravesó Marte

Por su tremenda masa, Júpiter es un auténtico caza cometas. No es raro que estas bolas de hielo sucio, como un día de 1950 las definió con mucho acierto Fred Lawrence. Whipple (1906-2004), ronden al más grande de los planetas de nuestro sistema solar. Y, en ocasiones, como le ocurrió al cometa Shoemaker-Levy en 1994, choquen literalmente con él. Se trata de un planeta de gran masa, con una gran capacidad gravitatoria para atraer a estos objetos que, en muchas ocasiones, comienzan un viaje de millones de años desde la nube de Oort, a unos 100.000 Unidades Astronómicas (una Unidad Astronómica equivale a la distancia Tierra-Sol, es decir, 150.000.000 km).

El núcleo estelar determina cuánto vivirá una estrella.

Atrás quedaron los tiempos en los que no se sabía de dónde obtenían las estrellas su energía. No son tiempos tan lejanos como uno pudiera pensar a priori. El siglo XX dio comienzo sin tener clara esta cuestión y con cálculos acerca de cuánto podría vivir el Sol si obtuviera su energía, por ejemplo, de la quema del carbón. A veces, el científico muestra la inocencia del niño que va descubriendo el mundo. No nos paramos a pensar en lo que hemos hecho hasta ahora como especie. En nuestros descubrimientos… En las respuestas que ahora somos capaces de dar a preguntas que han acompañado al ser humano desde su origen. ¿Por qué brillan las estrellas? ¿Qué son las estrellas? ¿Cuánto tiempo viven las estrellas? Nuestra ciencia se ha mostrado exitosa a la hora de responder a estas cuestiones. Y en el siglo XXI, un estudiante obtiene de su profesor respuestas que hace bien poco formaban parte del imaginario o de la filosofía, que viene a ser lo mismo.