De Washoe a Kanzi

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Alrededor de un kg más. Esa es la cantidad de cerebro que el Homo Sapiens presenta frente a sus primos: el pan paniscus (o bonobo, aunque también chimpancé pigmeo) o el pan troglodita o chimpancé común. El bonobo o el chimpancé tienen alrededor de 450 cc de materia gris. El ser humano, alrededor de 1500. Y en ese kilo de diferencia está todo. Nuestra inteligencia, nuestra capacidad para resolver problemas, nuestra posición en la escala más alta entre los depredadores…

Hubo un tiempo en el que dos especies humanas convivieron: la nuestra, Homo Sapiens y los Neandertales. Fue hace aproximadamente 30.000 años. Bueno, alrededor de esa fecha fue cuando dejaron de convivir en realidad, y sólo quedó una: nuestra especie, el Homo Sapiens. Muchas veces me he preguntado qué pudieron sentir nuestros antepasados al ser capaces de comunicarse (si es que llegaron a hacerlo alguna vez) con otra especie humana distinta.

Hoy en día, lo más parecido a un ser humano que no es un ser humano es un bonobo o pan paniscus. El chimpancé o pan troglodita también se parece, pero hoy sabemos que son un poco más torpes que los bonobos o chimpancés pigmeos. Quizá ese sueño de ser capaces de comunicarnos con otra especie animal distinta a nosotros fue lo que llevó a la pareja de psicólogos, al matrimonio formado por Allen y Beatrice Gardner, a iniciar sus experimentos con chimpancés hace ya unos 50 años.

Muy conocida es la historia de Washoe (1965-2007), la chimpancé que fue criada junto con uno de los hijos del matrimonio en igualdad de condiciones desde su nacimiento. Washoe se integró desde el minuto uno y el matrimonio Gardner no hizo ningún tipo de distinción entre los dos recién nacidos. Fueron criados de modo idéntico. El matrimonio Gardner trataba así de comprender cuales eran las capacidades del chimpancé y hasta dónde podría llegar. A los tres años de edad, el chimpancé comprendía simbólicamente 160 palabras. El niño, 3500. Washoe quedó ahí, mientras que el niño realizaba un crecimiento exponencial.

De Washoe se pueden contar mil anécdotas. Pero yo me quedo con una: cuando llegó el día en el que la convivencia doméstica se hizo complicada y hubo que ceder a Washoe a un centro de investigación en Oklahoma, tuvieron que echarse atrás porque Washoe “hablaba” de sus congéneres como aquellos “bichos negros”. Al final, la chimpancé pudo quedarse con Roger, el becario de investigación que ayudaba a la familia Gardner, en Washington, hasta su muerte, en 2007.

A parte de los de la familia Gardner ha habido otros muchos estudios también impactantes, como los realizados por el matrimonio Premack. Pero lo que es realmente sorprendente en el mundo de la primatología es haber descubierto a los bonobos. Casi podemos decir que un chimpancé es un tonto al lado de un bonobo. Y es que el pan paniscus ha demostrado tener unas capacidades emocionales e intelectuales sorprendentes.

La sorpresa nos la dio el bonobo macho Kanzi. Kanzi sólo se comunica con su entrenador mediante un panel en el que existen más de 180 símbolos y pegatinas. De este modo Kanzi le dice a su entrenador lo que quiere hacer ese día. Por ejemplo, mediante el sistema de pegatinas le dice a su entrenador “hoy quiero ir al parque a darme un paseo”, construye la frase. Habla con su entrenador. Pero la sorpresa vino cuando se descubrió que Kanzi es un auténtico genio, ya que ha demostrado entender el inglés hablado. Y esto es algo sorprendente porque Kanzi puede escuchar a través de unos audífonos, pero no puede ver a su entrenador.

En una de las pruebas que se le hicieron, le dijeron: “Kanzi, sabes que hay 300 objetos a tu alrededor. Quiero que cojas la jeringa, la llenes de líquido y le pongas una inyección a uno de los ositos, el pequeño que tienes por ahí”. Lo sorprendente es que sin haberlo aprendido, Kanzi va, busca la jeringa, la carga, busca el osito y le pone una inyección.

En otra de las pruebas le dieron un puzzle, una serie de piezas que componían una cara. Pero una de las piezas no encajaba. Kanzi trató de unir las piezas para formar la cara, pero algo no funcionaba bien. Entonces le dijeron a través de la megafonía: “Kanzi, no te rompas más la cabeza. Lo que quiero que compongas es una cara y una de las piezas no encaja. Retírala y verás como eres capaz de hacer una cara”. Kanzi miró una por una las piezas, quitó la mala (representaba un paisaje) y montó el puzzle.

Hace 2 millones de años aproximadamente algo sucedió en el cerebro de algún primate. Y nuestro cerebro aumentó de tamaño y pasó de esos 400 gramos a los 1.500 actuales. ¿Qué fue lo que sucedió? Hay muchas historias que tratan de explicarlo. Algunas con muy buenas bases fisiológicas. Pero lo único cierto es que ese kilo de más nos dio una capacidad brutal en comparación con nuestros primos. Nos convirtió en un depredador excepcional, por un lado, y en una máquina perfecta para conocer, comprender y alterar el mundo que nos rodea, por otro. Como una vez dijo Carl Sagan, el ser humano es el universo conociéndose así mismo. Bendito kilo.

Escucha el podcast de radio aquí.


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