John Couch Adams y Neptuno

Fuente Wikipedia

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Mil seiscientos millones de kilómetros más allá de Urano se encuentra Neptuno, el dios del mar de los romanos, el Poseidón griego, de una belleza azul que deslumbra. Fue “encontrado”, y digo bien, en 1846 por el astrónomo alemán Johan Galle (1812-1910). La localización de Neptuno es, sin duda, uno de los éxitos de la teoría de Newton y de John Couch Adams (1819-1892), matemático y astrónomo británico que pasó a la historia de la ciencia por predecir la existencia y posición del nuevo planeta utilizando únicamente las matemáticas y la teoría de la gravitación de Newton, por supuesto.

Vayamos por partes. Adams nació en Laneast, Cornualles, el 5 de junio de 1819. Fue hijo de un granjero sin recursos, auténticamente pobre, y que, desde muy pequeño, destacó y sorprendió por su gran habilidad para realizar cálculos matemáticos sin necesidad de utilizar lápiz y papel. Con 16 años dejó a todos con la boca abierta al predecir cuándo se vería un eclipse justo en el lugar en el que residía con su hermano. Consiguió una beca para estudiar en la Universidad de Cambridge, donde se graduó como el primero de su promoción en matemáticas en 1843.

Un chico culto como él, versado en matemáticas, no podía dejar de lado uno de los más grandes problemas planetarios de su época: el extraño caso de las irregularidades de Urano. El planeta Urano, descubierto por William Herschel (1738-1822) en 1781, no parecía estar donde le correspondía según las leyes de Newton. Existían toda una serie de irregularidades en su movimiento que traían de cabeza a los astrónomos. Ni corto ni perezoso, Adams comenzó a trabajar en el problema suponiendo que era un planeta desconocido el que perturbaba gravitacionalmente a Urano.

Adams dedicaba al problema una mínima parte de su tiempo, sobre todo en vacaciones, porque durante la época escolar impartía clases particulares con el fin de poder enviar dinero a sus padres. Utilizando únicamente la teoría gravitacional de Newton fue capaz de predecir la existencia de un planeta que se encontraría situado dos veces más lejos del Sol que Urano, con una masa definida y una trayectoria clara y que estaría en una determinada zona del cielo. Fue en septiembre de 1845 y Adams tenía 26 años de edad.

Una vez realizados los cálculos, John envió los mismos a James Challis, del Observatorio de Cambridge y a George Airy, astrónomo real en el Observatorio de Greenwich. Por desgracia para Adams, ninguno de los dos prestó atención al trabajo del joven. Quizá no comprendieron la importancia de aquellos cálculos y lo que representaban si eran correctos. Airy ni siquiera se tomó la molestia de verificar el descubrimiento de Adams, cuando únicamente le habría bastado con mover un telescopio y mirar. Pero para Airy, las perturbaciones en la órbita de Urano se debían a que la ley de la gravitación de Newton era imperfecta.

No fue hasta casi un año más tarde cuando Challis comenzó a buscar sistemáticamente Neptuno. Incluso dio con él, sin saberlo, en dos ocasiones, confundiéndolo con una estrella. Mientras tanto, y de forma totalmente independiente, el francés Urbain Le Verrier (1811-1877) llegó a las mismas conclusiones que Adams, informando de ello a Johann Gottfried Galle (1812-1910), astrónomo del Observatorio de Berlín. Galle se puso a trabajar rápidamente y no tardó en localizar a Neptuno justo a un grado de la localización predicha por el francés. La luna llena o el Sol tienen un tamaño aparente de medio grado, así pues, Galle localizó a Neptuno a una distancia de aproximadamente dos lunas llenas juntas del lugar predicho.

Fueron Galle y Le Verrier los que se llevaron la gloria del descubrimiento, pero no es menos cierto que tras el mismo, Adams vio como se reconocía su trabajo. Continuo su carrera como astrónomo y profesor de matemáticas y en 1861 fue nombrado director del Observatorio de Cambridge, el mismo centro que justo 16 años antes había rechazado su trabajo. Estudió el movimiento de la Luna y fue capaz de demostrar que las distintas lluvias de estrellas coincidían con los distintos momentos en los que la Tierra atravesaba la órbita de ciertos cometas, dejando patente que se trataban, por tanto, de restos de estos objetos celestes. También analizó el magnetismo terrestre. En 1848, la Royal Society le otorgó la medalla Copley. Fue profesor Lowndean de Astronomía y Geometría en la Universidad de Cambridge durante 30 años. Canó la medalla de oro de la Royal Astronomical Society en 1866 y en 1884 acudió a la conferencia internacional meridiana como delegado británico.

Una vez se retiró Airy, le ofrecieron su puesto de astrónomo real, pero se negó a causa de su ya avanzada edad. También rechazó el que le nombraran caballero.

Adams falleció el 21 de enero de 1892 en el Observatorio de Cambridge.

Un cráter lunar, el anillo más exterior de Neptuno y un asteroide llevan su nombre en su honor. Y tres años después de su muerte fue colocada una lápida con su nombre en la abadía de Westminster, cerca de la de Sir Isaac Newton.