Lago Gale, cráter Gale…

Ilustración del Gale con agua. Kees Veenenbos

Ilustración del Gale con agua. Kees Veenenbos

 

En agosto de 2012, NASA hizo fácil lo difícil. La nave CURIOSITY aterrizaba o amartizaba, como lo queramos decir, en suelo marciano. No es tarea fácil llevar una sonda a Marte. Y lo es menos, si esa sonda es del tamaño de un coche y lleva entre sus tripas la tecnología punta de la que somos capaces actualmente. Por otra parte y para añadir un poco más de dificultad, la nave no era adaptativa: es decir, llevaba el plan de vuelo definido desde Tierra, por lo que no hubiéramos podido evitar lanzarla contra una tormenta de arena, si esas hubieran sido las condiciones en el momento y lugar de aterrizaje. No es fácil llevar una sonda a Marte. Y si no, que se lo digan a la ESA que, hace unos meses, perdía el módulo de aterrizaje de la EXOMARS, la sonda Schiaparelli, intentando una hazaña similar. La ESA tiene una asignatura pendiente con Marte.

Marte es un reto para la curiosidad humana. Sabemos que hace 3.800 millones de años Venus, la Tierra y Marte debieron tener condiciones físicas y químicas muy similares. Probablemente los tres albergaron grandes océanos de agua líquida. Estamos seguros de que así fue en la Tierra, casi seguros de que así fue en Marte y no tan seguros de que fuera así en Venus. El caso de Venus es también excepcional debido a su actividad volcánica. Entendemos que si es un planeta muy activo hoy en día, lo fue más en aquella época. Las dudas, por tanto, nos surgen debido a su poca estabilidad. Pero, en cualquiera de los casos, sólo la Tierra mantiene el agua.

Si hace 3.800 millones de años ambos planetas (excluyamos Venus por lo anterior) eran tan similares, es muy posible que se dieran las mismas condiciones que generaron la vida en la Tierra. Hoy, en Marte, de todo aquello sólo quedan huellas. Nada más. Algo ocurrió en el planeta rojo que hizo que un gran cambio climático tuviera lugar y se perdiera el agua. Es cierto que Marte es relativamente pequeño y, además, no tiene campo magnético. No sabemos si lo tenía hace 3.800 millones de años. La cuestión es que algo ocurrió y el agua desapareció y, con ella, su atmósfera. Los gases atmosféricos en Marte forman una película muy tenue en comparación con los de la Tierra. Y la presión en su superficie es tan escasa que no puede existir agua líquida durante un tiempo prolongado porque se evapora automáticamente con independencia de la temperatura.

¿Hubo alguna vez vida en Marte? Responder a esa pregunta de un modo afirmativo es todo un reto. No sólo porque, si no la hubo, podemos estar buscándola infructuosamente durante años. Si no porque, si la hubo, dar con ella es prácticamente como buscar una aguja en un pajar. Eso sí, elegir bien el pajar en el que buscar es un primer paso. Por eso la sonda CURIOSITY aterrizó en un lugar en concreto y no en otro. La elección del cráter Gale no es baladí y los datos que está enviando la sonda desde su llegada al planeta rojo así lo demuestran. No podemos saber si hubo vida en Marte salvo que encontremos un fósil que así lo acredite. Pero sí podemos intentar reconstruir los ambientes primitivos del planeta y ver si en esas condiciones se podría haber sustentado vida similar a la que empezaba a poblar la Tierra.

La elección del cráter Gale para el aterrizaje del CURIOSITY no es, decía, baladí. Desde el minuto uno la sonda ha ido recopilando información siempre en la misma dirección. Y ya podemos afirmar que el cráter Gale fue una vez un lago de agua. Lo que encontramos hoy son estratos, separados cada uno en forma de capas cada una con una composición química diferente, de donde hemos podido deducir que se dieron condiciones de habitabilidad entre 3.800 y 3.100 millones de años. Cuando la vida se estaba desarrollado con fruición, tenemos unos 700 millones de años en los que Marte era habitable. Es más, los investigadores, según han publicado en la revista Science (Redox stratification of an ancient lake in Gale Crater, Mars, Science, 1 de junio de 2017), creen que es muy posible que las condiciones de habitabilidad se dieran con anterioridad. El problema para afirmarlo más rotundamente es que el cráter Gale se formó hace unos 3.800 millones de años.

¿Qué ocurre con otras zonas de Marte? La Opportunity está realizando trabajos similares en la zona de Meridiani Planum. Lo que observamos allí es que hace unos 4.000 millones de años las condiciones eran parecidas a las del cráter Gale y, por tanto, estaríamos ante una zona habitable. Pero poco después, esa zona pasó a ser muy ácida. Un entorno similar al de Río Tinto, en Huelva. Por tanto, a la vez que el cráter Gale era habitable, Meridiani Planum estaba dejando de serlo para los organismos mesófilos (no extremófilos) y comenzando a serlo para los extremófilos, como ocurre en Río Tinto. Seguramente en distintas zonas de Marte se daban distintas condiciones que habrían permitido la existencia de distintos tipos de extremófilos: organismos que vivieran en ambientes salinos (halófilos) y organismos que vivieran en condiciones de baja temperatura extrema (psicrófilos).

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