La relación entre los géisers de Europa y la vida.

 

La-NASA-encuentra-posibles-geiseres-gigantes-en-la-luna-Europa_image_380Una de las primeras misiones en las que se embarcó el ser humano cuando comenzó a atisbar la «orilla del océano cósmico» fue la de los Viajeros 1 y 2, los Voyager 1 y 2. A modo de carabelas, como diría Carl Sagan, estas naves exploran el cosmos. Se diseñaron para un viaje sin retorno, pensando que, aunque no volvieran, pudieran enviarnos imágenes e información de lo que veían. Y así ocurrió desde finales de los años 70 en que fueron construidas y lanzadas. Son rudimentarias. Unas de las primeras sondas construidas por los primitivos exploradores humanos del cosmos. Pero son una obra de arte.

Desde el año 2013, el Voyager 1 se encuentra oficialmente fuera del sistema solar, entendiendo como tal la zona de influencia del Sol en cuanto al viento solar se refiere. En 2025 las reservas de plutonio que alimentan la circuitería del Voyager y que permiten su comunicación con nosotros y el funcionamiento de todos los instrumentos que recogen datos, se terminarán y el Voyager se apagará. Continuará su viaje hacia las estrellas, pero desligada por completo de nosotros. Sin ningún vínculo salvo el nostálgico. Ningún objeto fabricado por humanos está tan lejos. Puede que en el futuro inventemos otro tipo de naves, con otra tecnología. Naves que viajen más rápido y puedan dar caza al Voyager y lo adelanten. Pero no podemos dejar de sentir escalofríos al pensar que algo fabricado por el ser humano se encuentra tan lejos, a decenas de miles de millones de km, a la deriva…

La resolución de las cámaras de antes no es la misma que la de las cámaras de ahora. Aún así, la óptica del Voyager 2 tenía capacidad para enviarnos las primeras imágenes en primer plano de Europa, uno de los cuatro satélites galileanos de Júpiter, con resolución de unos kilómetros. Aunque el día 13 de su misión, esa misma óptica sirvió para realizar una foto histórica: la primera en la que el ser humano podía apreciar la Tierra y su luna juntas, en el espacio. El voyager 2 pasó cerca de Europa el 9 de julio de 1979. Casi parece que hablamos de otra época en cuanto a ciencia nos referimos. Vimos un mundo sin cráteres de impacto. Un mundo donde el suelo se regenera y borra las huellas de los meteoritos que, inevitablemente, chocan contra su superficie helada desde tiempos inmemoriales. Y en aquel momento pensamos que lo que veíamos era una costra de hielo con un espesor probable de unos 100 km.

En un sentido más general, a los científicos de la misión Voyager les llamó la atención la gran actividad volcánica que detectaron las sondas en los satélites de Júpiter y Saturno. No es de extrañar debido a las inmensas fuerzas de marea a la que están sometidos. Ío, por ejemplo, el satélite más cercano a Júpiter y apenas mayor que nuestra luna, está sometido a fuerzas de marea que agitan su interior deformándolo y generando una fricción entre los materiales que lo componen que hace que se trate del mundo con el vulcanismo más intenso de todo el sistema solar. Su superficie está renovándose continuamente. Por eso no extrañó observar geiseres cuando los viajeros pasaron cerca e hicieron sus mediciones. Pero no sólo hay mundos de roca orbitándo Júpiter. También hay mundos de hielo, como Europa.

Y regresando a lo particular, Europa también se ve afectada por las fuerzas de marea. Y mucho. Como indicaba más arriba, se trata de un mundo donde no hay cráteres de impacto porque la superficie se renueva con el tiempo. Eso da una idea de la energía que agita su interior. Una energía que proviene de las fuerzas mareales, como ocurre con el resto de satélites cercanos al gigante. Soñamos con una Europa en la que su interior es un mar salado enorme. Salado, porque la actividad magnética del satélite indica que tiene que ser así. Y soñamos con poner una nave en la superficie y analizar ese agua. Porque Europa tiene todos los ingredientes para albergar vida. Al menos, para que la vida que conocemos se pudiera desarrollar allí. Una vida al margen de la terrestre. Una vida que nos diría mucho acerca de los procesos mediante los cuales se abre camino. Soñamos con poder encontrar una bacteria, aunque sea sólo eso, y analizar sus mecanismos de replicación. Ver si su ADN está formado por aminoácidos similares a los nuestros.

Podríamos imaginar misiones en las que una sonda excavaría esos hielos hasta llegar a ese océano líquido. Nuestra ilusión se ha visto aumentada exponencialmente por un descubrimiento reciente de NASA. Estamos como niños con zapatos nuevos. Imaginemos que podemos lanzar una sonda que ni siquiera tenga que excavar. Tan sólo tendría que posarse y recoger el agua líquida. ¿Cómo podría ser esto posible? El telescopio espacial Hubble ha detectado lo que podrían ser chorros de vapor de agua de hasta 200 km de altura. Un enorme géiser que lanza al espacio parte del interior del océano líquido de Europa. Si esto se pudiera confirmar de manera absoluta, nuestras misiones serían más sencillas. Tanto, que nos pondríamos a ello inmediatamente.

Sería hacer realidad nuestros sueños. Posar una sonda y esperar a que el géiser lance el chorro de vapor de agua para, al poco rato, recogerla en forma de lluvia. Analizarla y ver su composición exacta. Y buscar, aquí al lado, el descubrimiento que nos haría pensar que la vida puebla el universo sin remedio.

Escucha la sección El Planeta de Pascua del programa Déjate de Historias (esRadio) aquí.


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