ALH84001, la roca que creó una ciencia

ALH84001Trabajar en la Antártida es muy duro. No sólo para los científicos. Para cualquier persona. Duro y peligroso. El viento frío castiga la piel. En tu mente debes tener siempre presente que no debes tocar nada metálico con las manos desnudas, sopena de sufrir terribles quemaduras. Nunca debe hacerse un movimiento violento. El Polo Sur es tan terrible, que enseguida puedes terminar agotado y desorientado. Y son precisamente las personas agotadas y desorientadas las que cometen los errores más graves. A menudo, errores fatales. Pero trabajar en la Antártida también tiene su recompensa y ese entorno tan duro bien puede revolucionar la ciencia con lo que tiene que decirnos. El 27 de diciembre de 1984, en la región antártica de Allan Hills, se ponía la primera piedra de lo que, posteriormente se convertiría en una nueva ciencia. Aquel día, Roberta Score encontraba la que, sin saberlo, iba a convertirse en la roca más analizada de todo el Sistema Solar: ALH84001, una roca de apenas 9 centímetros de grosor, un pequeño meteorito.

Desde finales de la década de los sesenta, son innumerables las expediciones científicas a la Antártida para buscar meteoritos, ya que éstos se conservan perfectamente sobre la superficie del continente helado. Dentro de esos deseos por explorar y encontrar meteoritos en la Antártida, la National Science Foundations presenta anualmente un programa denominado Antarctic Meteorite. Y fue precisamente dentro de ese programa, en 1984, cuando Roberta Score descubrió ALH84001.

En un principio, el meteorito parecía ser una diogenita; es decir, un meteorito basáltico del cinturón de asteroides. Sin embargo, 1993, tras una serie de pruebas químicas realizadas, los científicos abandonaron la idea de que era una diogenita y descubrieron que se trataba de un meteorito proveniente de Marte. Es decir, lo que Score había encontrado era un trozo de roca que, en algún momento del pasado, formaba parte del terreno marciano y que, a consecuencia del impacto de otro meteorito sobre el planeta rojo hace unos 16 millones de años, fue lanzado al espacio hasta que se cruzó en su camino con nuestro planeta, cayendo en la región mencionada de la Antártida. Llegó incluso a datarse la fecha del impacto con la Tierra: hace aproximadamente 13.000 años. La roca en sí, tenía una antigüedad de unos 4.000 millones de años, lo que la situaba como una de las rocas más antiguas del sistema solar. Nos enseñaba, por tanto, un Marte extremadamente joven.

En 1996 saltaba la noticia: aunque la roca era de origen magmático, contenía carbonatos depositados en sus grietas hace 4.000 millones de años. En Marte, los carbonatos son muy raros. Y en la Tierra, están asociados casi siempre (nunca olvidar el ‘casi’) a los seres vivos. Se encontró también magnetita, un mineral producido por bacterias terrestres y una serie de óxidos y sulfuros que podrían haber sido originados por los desequilibrios químicos producidos por la acción bacteriana. Como nota final no discordante, en el meteorito se hallaron también unas formas alargadas que los científicos interpretaron como bacterias fósiles.

Y ALH84001 se hizo famoso haciendo resurgir del olvido el neologismo ‘astrobiología’, palabra que apareció por primera vez en 1960, creando una nueva ciencia, una nueva ciencia que debía encontrar su lugar buscando, primeramente ,alternativas razonables a las biológicas. En este caso, se trataba de dar explicación conjunta a unos hechos observables en el meteorito. La magnetita es un mineral generado por bacterias terrestres: uno puede pensar que bacterias similares la crearon en Marte hace 4.000 millones de años o pensar que fueron las bacterias de la Tierra las que pudieron generar la magnetita de ALH84001 en el periodo de tiempo en que dicha roca ha permanecido en nuestro planeta. Había que sembrar las dudas de la misma manera con todos y cada uno de los hechos observables supuestamente biológicos encontrados en la roca.

Si uno recopila todos los artículos que han aparecido sobre ALH84001, llegará a la conclusión de que, efectivamente, se trata de la roca más analizada de todo nuestro Sistema Solar y que la astrobiología nació con fuerza. Y, analizando precisamente los resultados aportados por cada publicación, uno podría afirmar que todas las pruebas de vida extraterrestre del meteorito han encontrado una explicación alternativa que no implica la existencia de vida en Marte. Sin embargo, esto no prueba que las huellas de vida no sean eso mismo: huellas de vida.

Por ejemplo, en el año 2004, un equipo del Johnson Space Center liderado por D.C. Golden parecía arrojar dudas sobre los trabajos anteriores que pretendían un origen extraterrestre para las pruebas de vida de ALH84001, afirmando que habían encontrado la forma de generar magnetita exactamente igual a la encontrada en el ALH84001, de manera artificial en un laboratorio. En realidad, los trabajos de Golden no demostraban que no hubiera sido una bacteria el origen de la magnetita. Simplemente demostraba que había otras formas ajenas a procesos biológicos de generar magnetita, además de la acción bacteriana.

Por contra, en 2011, un equipo de investigadores del Johnson Space Center liderados por Thomas Keprta volvieron a la carga afirmando que las nuevas tecnologías aplicadas al estudio del meteorito desvelaban que la causa más probable para la generación de magnetita era bacteriana, reavivando el debate.

Aún hoy, para unos, las pruebas de vida de ALH84001 se deben a contaminación terrestre y a procesos inorgánicos capaces de generar los mismos resultados que las bacterias. Para otros, ALH84001 contiene fuertes evidencias de que la vida existió en un Marte joven, un Marte del pasado que, al igual que el Marte de hoy, sigue fascinando a los científicos.

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