Apofis, el destructor

 

Apofis: Credit NASA

Apofis: Credit NASA

De los asteroides únicamente nos preocupan tres cosas: su tamaño, su órbita y la probabilidad de choque con nuestro planeta. Un asteroide que midiera 500 km de diámetro esterilizaría el planeta en el caso de que impactara con nosotros. No sólo acabaría con la vida animal, si no que es probable que únicamente unas pocas bacterias fueran capaces de sobrevivir, si acaso. El impacto del meteorito convertiría toda la masa del asteroide en un abrasador infierno de roca evaporada y la onda de choque, junto con la propia materia del asteroide, recorrería el planeta de punta a punta, destrozando la corteza terrestre y evaporando los océanos. Se han realizado estudios por geofísicos que nos hacen pensar que, hasta pasados 1000 años tras el impacto, no recuperaría la Tierra sus océanos en una lluvia torrencial. Que recupere o no la vida, ya no estaría en nuestras manos.

Eso en cuanto al tamaño. Lo siguiente es su órbita. Si al descubrir un asteroide de un tamaño considerable y calcular su órbita, esta le lleva a estar permanentemente lejos de nosotros, no preocupa. Incluso no preocupa si, proveniente del espacio profundo, fuera a pasar “cerca” de nosotros para no volver: simplemente hay que estar atentos, confirmar la órbita, dejarlo pasar y luego hacer un seguimiento por si su posible interacción gravitacional con otros objetos del sistema solar, como nuestro Sol, por ejemplo, cambiara su rumbo dejándolo en órbita. En ese caso, habría que calcular la nueva órbita y confirmar de nuevo que no hay peligro de que se convierta en un meteorito.

El tercero de los puntos que nos interesa es la probabilidad de choque. Este apartado está claramente relacionado con la órbita, ya que es ésta la que nos muestra su camino y velocidad y la que nos permite comprobar cuan cerca va a pasar de nosotros y si lo volverá a hacer en un futuro. El gran problema es que la órbita puede no ser algo estático en sí. La física de Newton y de Kepler (aunque podemos dejarlo en la física de Newton, ya que sus ecuaciones incluyen a las de Kepler), no deja de ser una física determinista. Debería ser fácil, por tanto, una vez calculada la órbita de un asteroide, saber dónde va a estar “siempre” ese asteroide. Sin embargo, pequeñas variaciones en la velocidad, o en la trayectoria, pueden hacer que en un futuro el objeto esté bastante lejos de donde lo colocaba el cálculo de su órbita realizado originalmente. Esto se debe a que cualquier pequeña perturbación, el paso de otro asteroide cercano, el paso relativamente cerca de algún planeta, el choque con algún otro meteorito que el azar ha puesto ahí, influyen enormemente en la velocidad y trayectoria del objeto peligroso. De ahí que debamos recalcular una y otra vez, siempre que tengamos oportunidad, las órbitas de los asteroides peligros que tenemos ya catalogados y de los nuevos que van surgiendo.

Volviendo a 2004 MN4… Cuando se calculó su órbita, se comprobó que era un asteroide tipo Aten, de los que cruzan la órbita de la Tierra, como indicaba más arriba. De hecho, lo hacía dos veces. En los primeros cálculos de su velocidad y trayectoria, allá por diciembre de 2004, se comprobó que había una gran probabilidad de choque con la Tierra, un 2.7%, hacia el año 2029. Una probabilidad del 2.7% puede parecer muy poco, pero es mucho en realidad y hace saltar todas las alarmas. Uno tiende a olvidar que las órbitas de los asteroides no son algo estático y cualquier pequeña variación podría convertir ese 2.7% en un 100%. No en vano, aquello hizo que se rebautizara a 2004 MN4 por 99942 Apofis, el destructor.

Desde entonces se ha ido mejorando la precisión de la medida de su tamaño. Actualmente se baraja un diámetro de unos 350 km aproximadamente, y las distintas probabilidades de choque con nuestro planeta han pasado desde aquellos 2.7% para 2029 calculado en 2004, a descartar la colisión para el año 2029, dejando una probabilidad en 2006 de una entre 45.000 para abril de 2036. Otra posible fecha de impacto se baraja para el año 2037, con una probabilidad de 1 entre 12 millones. Probabilidades de choque y fechas irán variando con el tiempo y habrá que estar atentos. En el caso de Apofis, el tiempo juega a nuestro favor, puesto que, como vemos, su probabilidad de choque nos permite tomarnos este asunto como algo a largo plazo y nos está dando tiempo a analizar los proyectos ya en marcha que nos permitirían desviarlo (a él o a cualquier otro) o pensar en formas de destruirlo.

Pero, ¿qué pasaría si descubriéramos un objeto nuevo, no catalogado, de 500 km de diámetro o más, proveniente del espacio exterior en órbita de colisión con nosotros? Un asteroide dispuesto a convertirse en meteorito… Esperemos que tal evento nunca tenga lugar.