EXOMARS: ¿hay vida en marte?

 

ESA

ESA

Objetivo, Marte. La misión EXOMARS en la que colaboran la ESA (Agencia Espacial Europea) y ROSCOSMOS (la Agencia Espacial Federal Rusa) va camino del planeta rojo desde su lanzamiento, el 14 de marzo de 2016. La fecha prevista de llegada es el 19 de octubre de este mismo año. Su objetivo, analizar si en Marte hay o hubo vida, cuestión cuya respuesta es perseguida incansablemente por los científicos y que también emociona al público al general. En realidad EXOMARS son dos misiones, en camino la primera de ellas y tendremos que esperar al 2020 para la segunda.

Sin duda Marte es el planeta más explorado y que ha recibido más orbitadores y sondas que ningún otro. Así que uno siempre se pregunta: ¿una misión más a Marte? ¿Y qué nos aporta esta frente a las otras? Teniendo siempre en mente el objetivo principal de la misión, lo que los científicos esperan de EXOMARS es que confirme si hay o hubo vida en Marte. Sabemos que antaño el agua corrió por su superficie y sabemos que hay agua ahora mismo sobre el planeta. Principalmente la encontramos en forma de hielo en los casquetes polares, pero también repartida por el subsuelo. El terreno de Marte que pisan nuestras sondas es principalmente permafrost, muy similar al siberiano: es suelo congelado. Y, a veces, siempre de acuerdo con las estaciones Marcianas, el agua líquida vuelve a correr sobre la superficie de Marte.

A alguno le puede resultar paradójico, pero los científicos no descartan la existencia de vida actual en Marte. De vez en cuando saltan las “alarmas biológicas marcianas”, pero hay que estar bien seguros y analizar bien los nuevos datos que podamos extraer y que den explicación a lo que vemos, y confirmen lo que creemos ver. Si duda, tras la formación de los planetas de nuestro sistema solar, la Tierra y Marte eran muy parecidos. En la Tierra surgió la vida y seguimos sin poder descartar que no ocurriera lo mismo en Marte y que incluso parte de esa vida y su evolución, perdure. Por eso los científicos quieren ir una y otra vez a Marte, con nuevos aparatos, con nueva tecnología, para seguir obteniendo datos y analizando el planeta rojo.

Hay que buscar donde haya agua líquida o la posibilidad de que haya agua líquida. Porque si algo tenemos claro es que la superficie de Marte hoy en día es un entorno muy hostil a la vida. Marte no tiene una capa de ozono capaz de proteger su superficie de la radiación ultravioleta solar. Y esa radiación destruye la vida. Y tampoco tiene un campo magnético capaz de proteger el planeta de las partículas de alta energía que vienen del Sol. Toda esa radiación incide sin remedio sobre la superficie marciana y sabemos que es muy perjudicial para la vida. Así que uno se sorprendería si encontrara una bacteria o algo más serio “andando” sobre la superficie marciana. Pero justo bajo el suelo, en el permafrost, toda esa hostilidad desaparece. Y los científicos creen que debemos mirar debajo del suelo… a unos pocos centímetros bajo la superficie marciana.

EXOMARS tiene dos partes. Por un lado, un satélite orbitador que se va a centrar en el estudio de los gases de la atmósfera marciana. Por otro lado, un rover denominado Schiaparelli, en honor a Giovanni Schiaparelli (1835-1910), astrónomo italiano e incansable observador de los canales marcianos que nunca existieron. Schiaparelli es de vital importancia para la ESA, porque sería el primer rover puesto sobre la superficie marciana por la Agencia Espacial Europea. Demostraría que Europa tiene tecnología para posar naves en Marte y sería un orgullo para los habitantes del antiguo continente, que siempre vamos a la zaga en la carrera espacial y en este tipo de misiones científicas.

Volviendo a los componentes de la misión, el orbitador tiene instrumentos para analizar la atmósfera marciana. Se quiere buscar metano, vapor de agua, óxidos de nitrógeno, acetileno… en definitiva, huellas químicas de vida. El metano, por ejemplo. Son recurrentes los avisos de detección del mismo por los aparatos que ya están en el planeta rojo. Pero el metano es un elemento que desaparece en un entorno de radiación ultravioleta como el de Marte. Si encontramos metano es porque algo lo genera. Y por nuestra experiencia en la Tierra, el metano sólo tiene dos orígenes: geológico y biológico. En la Tierra, más biológico que geológico. Y eso que la Tierra es un planeta geológicamente muy activo, lo contrario que Marte.

El orbitador llegará a Marte en octubre de este año, comenzará sus giros e irá penetrando en la atmósfera marciana con la idea de ir siendo decelerado hasta que llegue a estar a unos 400 km de la superficie de Marte. Se probará así una técnica de aerofrenado y se espera que a finales de 2017 el orbitador esté justo en la zona donde queremos empezar las observaciones y la recogida de datos, moviéndose a la velocidad adecuada y a la distancia adecuada. La misión durará, en principio, un año marciano (dos terrestres). Pero si lo que vemos nos gusta, si esta parte de la misión resulta un éxito, la ESA tiene previsto aportar más fondos para que la misión del orbitador continue durante más tiempo.

En cuanto al módulo de tierra, Schiaparelli, será la primera sonda europea en amartizar con éxito. Esperemos que con éxito, porque Europa ya lo intentó previamente con el Beagle, donde la ESA pecó de inexperiencia cómo así lo atestiguan los informes posteriores al desastre. La instrumentación de Schiaparelli le permitirá recoger datos de la atmósfera, no sólo de composición y meteorología, sino también del campo eléctrico, mientras la vaya atravesando camino del suelo marciano. Y si hay suerte, quizá pueda tomar datos durante una tormenta de polvo.

Schiaparelli es, en realidad, un demostrador tecnológico. Servirá a la ESA para poder situar en el futuro un rover más evolucionado en la superficie de Marte. Por otra parte, lleva sensores capaces de localizar agua a un metro bajo la superficie. Algo vital de cara a la búsqueda de vida, pero también de cara a los primeros viajes tripulados a Marte: queremos que los astronautas estén cerca del agua, si es posible. En la parte de la misión prevista para el 2020, el rover que se envíe tendrá un brazo con un taladro y capacidad para buscar minerales a 2 metros bajo la superficie, siendo capaz de realizar espectroscopía a esos 2 metros bajo la superficie. Los rover que hay en Marte actualmente sólo pueden taladrar entre 10 y 20 cm.

Exomars es una misión de exobiología. Pero habría dado igual que fuera una misión de otro tipo. Siempre que se lanza al espacio una sonda, vaya a aterrizar según programa en un objeto celeste o exista riesgo de que colisione involuntariamente con algún objeto celeste, la sonda es esterilizada con sumo cuidado. Uno podría pensar que el viaje por el espacio sería capaz de esterilizar cualquier nave, pero existen serias dudas de que esto pueda ser así. Se han hecho experimentos y se ha visto que determinadas bacterias pueden sobrevivir meses en el espacio exterior, sin ningún tipo de protección, en forma de espora. El tardígrado y su fealdad es un buen ejemplo. Y bajo ningún concepto se quiere contaminar un planeta como Marte.

Exomars tiene un presupuesto de 1.300 millones de euros, siendo la participación española de 7%.