¿Hubo tsunamis en Marte?

Acidalia Planitia Credits: NASA/JPL-Caltech/Univ. of Arizona

Acidalia Planitia
Credits: NASA/JPL-Caltech/Univ. of Arizona

 

¿Hubo tsunamis en Marte? Si nos atenemos al significado de la palabra tsunami, podríamos decir que, o no los hubo, o no tenemos pruebas de que los hubiera. Tsunami es, lo recuerdo, «ola gigantesca producida por un maremoto o una erupción volcánica en el fondo del mar». Y resulta bastante complicado tratar de encontrar restos de maremotos o erupciones volcánicas en Marte. Sin embargo, sí que sabemos que hace unos 3.400 millones de años, cuando el clima tanto de Marte, como de Venus y de la Tierra eran muy parecidos, había un gran océano en Marte. En astrobiología se habla de la analogía goldilocks, literalmente “rizos de oro”, y que sirve para ilustrar el momento temporal en que los tres planetas eran como tres platos de sopa, tan sólo diferenciados por la temperatura.

Con un océano enorme y las líneas de costa bien definidas, no ha resultado imposible, aunque sí muy complicado, hallar evidencias de tsunamis. Pero, si no hubo maremotos, ¿cómo se formaron? Desentrañar este misterio es lo que han intentado, entre otros firmantes de un artículo reciente, Alexis Rodriguez y Alberto Gonzalez Fairen, del Planetary Science Institute de la Nasa y del centro de Astrobiología en España, respectivamente. Y para ello se han apoyado en multitud de imágenes obtenidas tanto por sondas que se mueven y se han movido por la superficie de Marte, como por satélites que orbitan el planeta rojo. La información que tenemos del planeta Marte a través de estas imágenes es tan amplia que existe un Google Mars (https://www.google.com/mars/) a disposición de cualquier internauta con curiosidad.

Y al ojo del experto, las líneas de costa del gran océano marciano que sabemos que existió hace 3.400 millones de años, quedan claramente perfiladas, junto con marcas de antiguos ríos y cañones excavados sin duda por la erosión del agua líquida. Con tanta “marca de agua”, uno podría preguntarse qué le ocurrió a este planeta para pasar de ser un gemelo de la Tierra a convertirse en lo que es ahora. No sabemos con exactitud cómo ocurrió el proceso, pero sí sabemos que la atmósfera marciana es hoy en día demasiado poco densa como para mantener agua líquida sobre su superficie de manera permanente. La temperatura a la que el agua hierve no es algo fijo y estático, sino que depende de la presión. Cuanto menor es la presión, a más baja temperatura se evapora el agua. Esto es algo bien conocido por los alpinistas, sabedores de la dificultad que tiene hervir un huevo en la alta montaña: la falta de presión atmosférica hace que el agua hierva a temperatura demasiado baja como para cocer un huevo.

Pero en la época objeto de la investigación, la atmósfera marciana era mucho más densa que la actual, y el agua líquida se repartía por todo el planeta. Y si uno analizaba las líneas de costa, se daba cuenta de que algo raro estaba pasando, puesto que esas líneas de costa parecían no coincidir exactamente con lo esperado. Por ejemplo, algo natural cuando uno estudia una línea de costa en un lugar donde hubo un océano y ahora no lo hay es que la línea esté al mismo nivel. En Marte, esta situación no se daba y parecía que había líneas de costa con un nivel del agua más alto en unos lugares que en otro. Había, por tanto, que dar explicación a estos fenómenos observacionales que en un principio, no la tenían.

Precisamente, en el artículo de Alexis Rodriguez y Alberto González Fairén, han conseguido dar explicación a los datos observados suponiendo que en la época en la que en Marte había un gran océano, se produjo no uno, si no dos enormes tsunamis (megatsunamis según el artículo), que arrasaron la superficie de Marte con olas gigantescas. Un evento de tales proporciones dejaría unas huellas de determinadas características. Primero el agua entra tierra a dentro con gran fuerza barriendo todo lo que encuentra a su paso, inundando las zonas más bajas mientras escala a zonas más altas, muy por encima de la línea de costa. Cuando el agua no puede subir más, se para y regresa, creando surcos, una especie de canales por donde el agua regresa, rodeando las zonas altas, dejando un patrón muy característico de este tipo de fenómenos.

En la zona de Acidalia Planicia se observan claramente estos fenómenos. El lector puede buscar esta zona de Marte en internet y podrá apreciar las huellas del tsunami claramente, en el suelo marciano. Los investigadores han llegado más lejos de lo esperado en sus conclusiones y han sido capaces de postular una hipótesis consistente con las observaciones en cuanto al origen de los dos enormes tsunamis. Parece ser que un momento determinado, hace 3.400 millones de años, sobre ese océano marciano se produjo un acontecimiento catastrófico: el choque de un meteorito enorme capaz de generar un cráter de 30 km de diámetro y una ola enorme de más de 100 metros de altura, causante del tsunami.

El segundo de los megatsunamis se produjo tiempo después, cuando las condiciones climáticas a nivel global marcianas habían cambiado enormemente. Cuando este segundo meteorito impactó, lo hizo contra un mar helado, no líquido. La ola generada fue una ola líquida por la fricción, pero con enormes trozos de hielo. Y en su retirada, buena parte del agua del tsunami se fue congelando según regresaba. Y así ha permanecido hasta ahora, quedando las huellas del tsunami congeladas. Y no sólo las huellas del tsunami. En su artículo, los investigadores proponen con gran interés el estudio de esta zona con la idea de encontrar restos, pruebas, de vida marciana que pudiera haber existido en la época de la catástrofe y cuyas huellas hayan quedado grabadas para siempre en ese hielo. La Agencia Espacial Europea a recogido el guante y tiene prevista una misión que amartizará en 2020 no muy lejos de estos lóbulos congelados dispuestos a seguir desentrañando los misterios de Marte.