Los planetas errantes

 

Cortesía Centro Astronómico Valle del Ebro

Cortesía Centro Astronómico Valle del Ebro

Los planetas errantes siempre me han parecido un misterio interesante. Para aquellos que disfrutan con los datos técnicos, los planetas errantes se sitúan a continuación de las enanas marrones en el diagrama de Hertzsprung-Russell y la opinión generalizada entre los astrónomos es que se forman por colapso de nubes interestelares de muy pequeña masa. Lo normal entre los “errantes” es que su masa sea de entre 2 y 8 veces la masa de Júpiter.

En más de una ocasión habréis escuchado a alguien decir que Júpiter es una estrella frustrada. Los que así se manifiestan intentan decir con ello que Júpiter es casi una estrella. Y en verdad es cierto que le habría hecho falta un poco más, unas doce veces más, para poder brillar con luz propia y haber convertido el Sistema Solar en un sistema doble. Ese límite de 12 masas de Júpiter para una estrella es bien sencillo de explicar: es la masa que hace falta para que la presión en el núcleo del planeta sea tan grande que puedan tener lugar reacciones de fusión, y el planeta se convierta en una estrella y brille con luz propia. Pero Júpiter no tenía ninguna intención de ser estrella. Lo contrario sí se puede decir de los planetas errantes.

Júpiter no es capaz de brillar con luz propia. Al menos, no en el visible. Pero su masa es suficiente como para que su núcleo genere calor, radiación infrarroja. Y también es cierto que emite más calor al espacio del que recibe del Sol, gracias a los procesos de convección a los que está sometido el hidrógeno metálico que compone su núcleo, que transfieren el calor hasta la superficie del planeta, irradiándolo al espacio exterior. Se cree que el núcleo de Júpiter se encuentra a unos 20.000 grados centígrados.

¿Qué ocurriría si Júpiter saliera despedido al espacio exterior por alguna carambola cósmica? Tal suceso no es posible en la actualidad ni en un futuro cercano. Pero muchas simulaciones del origen de nuestro Sistema Solar nos hacen pensar que pudo ocurrir en el origen con un planeta próximo en tamaño a Júpiter. En ese caso, el planeta quedaría condenado a vagar errante por el espacio y formar parte de ese grupo de errantes que tanta pasión genera entre los astrónomos. Pero tened siempre en cuenta que lo que los astrónomos consideran planeta errante se ha formado por el colapso de una nube interestelar, mientras que Júpiter y el resto de los planetas que forman nuestro Sistema Solar, lo han hecho a partir de la acreción de un disco. O eso pensamos. Aun así, no por ello dejaría de ser un planeta errante.

Si repasáis lo que acabáis de leer, os daréis cuenta de que, aunque no tengan estrella, los errantes podrían detectarse si, como Júpiter o en mayor medida a Júpiter, emitiesen energía en el infrarrojo. Tanto NASA como ESA tienen en el espacio telescopios que observan el cielo en esa longitud de onda para, entre otras cosas, encontrar exoplanetas girando alrededor de estrellas, enanas marrones y, por supuesto, planetas errantes. Y a pesar de haber sido detectados varios, apenas sabemos nada de estos cuerpos misteriosos. Eso sí, la Nebulosa de Orión está plagada de ellos, mezclados entre enanas marrones. Y no sólo la Nebulosa de Orión…

Los planetas errantes se conocen desde 1990. Fue en aquel entonces cuando los astrónomos se dieron cuenta que les resultaba muy difícil poder determinar el punto exacto en el que una enana marrón no puede considerarse estrella y, por tanto, formaría parte de los objetos planetarios. Hoy en día pensamos que hay una gran cantidad de estos cuerpos en nuestra galaxia. Tantos, como estrellas en la secuencia principal del diagrama de H-R.

Hace unos meses se encontró uno de estos “errantes” a unos 100 años-luz de nuestro Sistema Solar. Fue detectado por el Observatorio Europeo Austral y los astrónomos están investigándolo con el fin de tratar de comprender la física que se esconde detrás de estos planetas. Tiene entre 4 y 7 veces la masa de Júpiter y una temperatura de 430 grados centígrados. Fue, por tanto, detectado gracias a la emisión infrarroja del mismo.

No obstante, el objeto ha aparecido en una región estelar denominada AB Doradus, por lo que aún no está claro si el planeta es errante o bien está ligado gravitacionalmente a esa región de estrellas. De hecho, algunos astrónomos creen que existe un 87% de probabilidad de que el objetó esté ligado a AB Doradus. Pero AB Doradus no es una estrella, sino toda una región de estrellas, por lo que siempre podríamos afirmar que se trata de un planeta errante, en el sentido de que no orbita una estrella, sino un conjunto de ellas. Además, su pertenencia a AB Doradus nos puede servir para calcular su edad: entre 50 y 120 millones de años. Los dinosaurios gobernaban nuestro planeta cuando nacía este errante que, por cierto, recibe el nombre de CFBDSIR2149.

AB Doradus es un conjunto de estrellas jóvenes, que viajan a la deriva y que se formaron todas juntas y al mismo tiempo. Con el resto de errantes descubiertos siempre quedaba la duda acerca de la edad y, por tanto, si eran realmente enanas marrones o planetas. En este caso, su ligazón a AB Doradus puede presuponer un origen común, ya que la probabilidad de que la relación con el grupo de estrellas jóvenes sea fortuita es bastante baja.

¿Será nuestro errante un planeta eyectado de su sistema estelar? ¿será un planeta formado como tal, sin estrella sobre la que orbitar? Aún es pronto para aclarar estos misterios. Pero no hay ninguna duda de que CFBDSIR2149 y otros objetos similares que se puedan descubrir en un futuro, abren un abanico de posibilidades que nos permitirá avanzar en nuestro conocimiento y entender mejor el mundo de los planetas y los exoplanetas. En definitiva, de entender mejor nuestro Universo.


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