Williamina Flemming (1857-1911), la criada que se convirtió en astrónomo

Williamina_Paton_Stevens_Fleming_circa_1890s

Hay personas que han nacido para la ciencia. A pesar de ello, son poco o nada conocidas. Véase el caso de Milton Humason, el mulero que se convirtió en astrónomo. O bien, el caso de Henrietta Swan Leavitt, que compartió lugar de trabajo con nuestra protagonista de hoy. Hay muchos más casos, injustos muchos de ellos. Sobre todo aquellos en los que los afectados son mujeres.

Nuestra protagonista de hoy es Williamina Fleming. En realidad, su verdadero nombre era Williamina Paton Steven Fleming. Nació el 15 de mayo de 1857, en Dundee, Escocia. Cuando tenía catorce años, comezó su formación como maestra a la vez que daba clase a niños más pequeños. El 26 de mayo de 1877 se casó con James Orr Fleming, tras lo cual abandonó su carrera como maestra. Un año más tarde, en 1878, ambos emigraron a Boston, Massachusetts, donde comenzaron las penalidades de Williamina, dado que, poco después de quedarse embarazada, en 1879, su marido la abandonó. Esta situación le obligó a buscar empleo para poder salir adelante con su hijo Edward. Y el destino la llevó a trabajar de ama de llaves en casa del astrónomo Edward Pickering, a la sazón director del observatorio de Harvard.

La entrada de Williamina en el hogar de Pickering coincidió con un periodo de gran descontento por parte del astrónomo con su equipo de ayudantes de observación, todos ellos de género masculino. Su descontento era tan grande que un buen día llegó a decirles que su criada sería capaz de hacer su trabajo mejor que ellos. Es muy probable que Pickering jugara con ventaja al realizar la afirmación, puesto que ya conocía a Williamina y seguramente habría mantenido largas conversaciones con ella acerca de la astronomía.

Y, quizá para demostrarlo, Pickering contrató a su ama de llaves a tiempo parcial en el observatorio. La idea de Pickering era que Williamina se dedicara a tareas administrativas y a realizar los siempre tediosos calculos matemáticos que había que realizar en aquella época en la que los ordenadores aún no habían nacido. A su regreso de Escocia, donde marchó para dar a luz a su hijo, Williamina retomó su trabajo como ama de llaves y de asistente a tiempo parcial del observatorio, hasta el año 1881, se convirtió en miembro permanente de la plantilla, llegando a tener a su cargo a decenas de mujeres contratadas para realizar los tediosos calculos matemáticos y las mediciones. El grupo era conocido como “las computers”.

Durante treinta años Williamina colaboró en el análisis fotográfico de espectros estelares. En 1898 fue nombrada conservadora del archivo de fotografías astronómicas de Harvard, siendo este el primer cargo que la universidad concedía a una mujer. Entre sus labores destacadas, Fleming contribuó a la realización del catálogo de Henry Draper. En 9 años de duro trabajo fue capaz de catalogar algo más de 10.000 estrellas, descubrió 9 estrellas novas, 59 nebulosas, 94 estrellas de Wolf-Rayet (estrellas supermasivas que sufren pérdidas de masa debido al tremendo viento solar que presentan) y centenares de estrellas variables. Estableció los primeros estándares fotográficos de magnitud para medir el brillo de las estrellas variables y descubrió las enanas blancas, estrellas muy densas que se encuentran en la fase final de su existencia.

Sin duda, su trabajo más importante fue el desarrollo de la clasificación espectral de Harvard, que sigue siendo la más utilizada en astronomía. Esta clasificación estaba basada en la intensidad de las líneas de absorción del hidrógeno en el espectro de la estrella, desde la clase A, en la que se incluyen las estrellas con las líneas más intensas, hasta la clase P, que contiene las estrellas con las líneas más débiles. Posteriormente, Annie Jump Cannon, una de las astrónomas más grandes de la historia, perfeccionó la clasificacion al sustituir la intensidad de las lineas del hidrógeno por la temperatura.

En 1906 fue elegida miembro honorario de la Royal Astronomical Society de Londres y, poco antes de su muerte, la sociedad astronómica de Mexico le otorgó la medalla Guadalupe Almendaro por sus descubrimientos.

Williamina murió en Boston el 21 de mayo de 2011 y comparte con Alexander Fleming el crater Fleming, de unos 100 km de diámetro, situado en la cara oculta de la Luna.

 


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