William Herschel (1738-1822)

98,Sir William Herschel,by Lemuel Francis Abbott

Decía Blaise Pascal que el silencio de los espacios infinitos le estremecía. O eso cuentan que decía. Y, en ocasiones, es cierto que cuando estás con el telescopio, solo, en la oscuridad de la noche, sin ruidos salvo, quizás, el viento, contemplando los espacios infinitos, puedes escuchar ese silencio (si se me permite el oxímoron), y pensar que Pascal tenía razón y estremecerte. Pero no pretendo hoy hablar de Pascal o de silencios. Mas bien al contrario. Primero porque no es Pascal el que visita hoy el planeta de Pascua y, segundo, porque el que visita hoy el planeta de Pascua era músico y no entendía de silencios. Pero sí de estremecimientos.

Y uno puede preguntarse qué tiene que ver la música con la Astronomía. No hace falta hacer un gran esfuerzo intelectual para acabar relacionando la música con la astronomía a través de la matemática. Pero tampoco es eso lo que pretendo hoy. Tan sólo quiero recordar una figura impresionante desde mi punto de vista, si me permitís. Pero, como veréis a continuación, nuestro personaje fue un adelantado a su tiempo. No tanto por sus ideas, sino por sus descubrimientos. Hizo cosas que cuesta creer que pudiera hacer alguien que vivió la mayor parte de su vida en el siglo XVIII. Pero las hizo. Y, además, era músico…

Hablo de sir William Herschel. Hablo del alemán de Hannover, nacido el 15 de noviembre de 1738, y que vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra. William estudió música. De hecho, era músico de profesión, trabajó en distintas orquestas y daba conciertos de órgano en la iglesia Octagon en Bath. Pero hoy no recordamos a sir William por su música, si no por sus hobbies. Y digo bien: en sus horas libres se dedicaba al estudio de la matemática, de las lenguas y de la filosofía y, con 35 años, sintió el gusanillo de la astronomía, donde su nombre se escribe con mayúsculas.

Fue precisamente en 1773 cuando Herschel construyó un telescopio comenzando así sus trabajos de investigación. Empezó analizando la estrellas dobles. No tanto las visuales, es decir, las estrellas que se observan juntas por perspectiva, sino las dobles de verdad: esas en las que una estrella orbita la otra. Trataba de medir la distancia a estas estrellas utilizando el método de la paralaje y dio con un descubrimiento muy interesante para la época: las estrellas binarias no se movían una alrededor de la otra, sino que ambas lo hacían alrededor de su centro de masas.

El centro de masas se sitúa en la línea que une ambas estrellas, más cerca de la estrella más masiva. Si una estrella es mucho más masiva que la otra (como ejemplo, nuestro planeta Tierra con respecto a la Luna), ese centro de masas podría quedar dentro de la propia estrella masiva. En esos casos, sí se observaría que la estrella más pequeña orbita a la estrella más grande. Pero si ambas estrellas tienen masas parecidas, ninguna de las dos orbitará realmente la otra y ambas “danzarán” en el espacio alrededor del centro de masas. De su estudio de las estrellas binarias nacería un catálogo de más de mil estrellas dobles. Todas y cada una de ellas analizada cuidadosamente por nuestro músico astrónomo.

Nos vamos a ir al 13 de marzo de 1781, porque ese día Herschel entró en la historia de la astronomía con nombre propio. Con su telescopio de 18 cm de apertura (bastante pequeño incluso para un aficionado de hoy en día), descubrió el planeta Jorge, llamado así en honor a Jorge III. El rey lo nombraría por ello caballero de la corte y Astrónomo del Rey. Este cargo le permitió dedicarse por entero a la astronomía, no sin antes recibir un toque de atención por parte de sus colegas astrónomos que habían observado con horror cómo Herschel se había desviado de la nomenclatura grecorromana a la hora de darle un nombre a su nuevo planeta. No hizo falta discutir con él y planeta Jorge pasó a llamarse, con gran acierto, planeta Urano.

Descubrir Urano con un telescopio tan pequeño tiene su mérito. Pero si hay algo por lo que Herschel habría merecido entrar en la Historia de la Astronomía fue por observar por primera vez el movimiento del Sol en el espacio. Pensad en la dificultad de tal hazaña. Herschel observó el movimiento propio de trece estrellas escogidas seguramente por su brillo, lo que Herschel interpretaría como más cercanas a nosotros y, por tanto, con un movimiento más fácil de distinguir con el paso del tiempo. Aún así, el movimiento de las estrellas a lo largo de los años es apenas apreciable y menos con los medios de la época. Pero Herschel no sólo consiguió medir esos movimientos, sino que fue capaz de, analizándolos, deducir el propio movimiento del Sol, afirmando con acierto que nuestra estrella y su cohorte de planetas se mueven hacia un punto localizado en la constelación de Hércules.

Otras de sus grandes contribuciones fue la confirmación de la naturaleza gaseosa del Sol, además de estudiar detenidamente las manchas solares. Posteriormente, tras la construcción de un telescopio en Slough (Berkshire) ya de tamaño considerable: 1,22 metros de espejo y distancia focal de 12,2 metros, descubrió dos satélites del planeta Urano y los satélites número 6 y 7 de Saturno.

Con esta instrumentación ya mucho más poderosa fue capaz de deducir que la Vía Láctea tiene forma de disco (más grueso en su centro), aunque cometió un error al situar al Sol cerca del centro del disco. El centro de nuestra galaxia es un lugar superpoblado de estrellas y nuestro Sol orbita lejos, en uno de los brazos de la espiral. Nubes de gas y polvo nos impiden observar en luz visible ese centro galáctico. Sin duda, una bendición puesto que su brillo, caso de no existir tal polvo, sería un gran obstáculo para observar el resto de galaxias de nuestro universo. Y, sin duda, los inicios de la astronomía se habrían visto retrasados.

Otro de los aspectos interesantes del trabajo de Herschel fue su análisis de nebulosas. En aquella época se conocían unas cien. Herschel investigó y aumentó la catalogación de nebulosas hasta 2.500. Además, afirmó que estaban compuestas de estrellas.

Pero lo que más interesaba a Herschel era estudiar la estructura de nuestra galaxia. Para ello, dedicó 20 años de su vida a contar y catalogar estrellas. En ese tiempo, contó más de 90.000, descubriendo, además, numerosos objetos celestes como cúmulos, nebulosas, estrellas cuyo brillo variaba de intensidad y hoy conocemos como variables… y, por supuesto, numerosas estrellas dobles.

Esa catalogación dio sus frutos porque años después, en 1864, su hijo John lo amplió con sus propias observaciones en el hemisferio sur y construyó una especie de base de datos, publicándola en forma de libro bajo el título “The General Catalogue of Nebulae”. Más tarde, en 1888, el catálogo fue revisado y aumentado por L.E. Dreyer, catálogo este último que tiene el nombre de “New General Catalogue” (siglas NGC, de sobra conocidas por el aficionado a la astronomía).

En 1781, William Herschel fue elegido miembro de la Sociedad Real. En 1816, fue nombrado Sir. Por supuesto, se le considera el fundador de la astronomía estelar. Falleció el 25 de agosto de 1822 en Slough, Inglaterra. El lugar donde tenía su telescopio.

 


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