Vida en Marte II: Meridiani Planum

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No hay duda de que en Marte hubo agua alguna vez. En qué cantidad y de qué tipo es otro cantar. Pero para eso tenemos sondas explorando el planeta: porque queremos saber… necesitamos saber. Ahora mismo, cuánta agua hubo no es tan importante cómo saber de qué tipo era el agua que circuló por Marte. La razón está clara: de los datos recogidos por robots exploradores anteriores a Curiosity y en una zona en concreto, Meridiani Planum, se deduce que el agua contenía sulfatos en extremo. Se encontró jarosita, un mineral que también existe en Río Tinto, en Huelva, y cuya cualidad principal es que se forma en condiciones de elevada acidez. Es decir, estaríamos hablando de un agua hipersalina y demasiado ácida, con un pH cercano a 1, pues esa es la condición necesaria para que la jarosita precipite.

En Río Tinto hay vida en condiciones de extrema acidez. Y su estudio es muy interesante por esa similitud posible con el agua que un día circuló por Marte. De ahí que Río Tinto interese tanto a la NASA. Por lo que sabemos, una disolución formada por un 93% de ácido sulfúrico y un 3% de agua sería estable en la superficie marciana. Al decir estable me refiero a que podría existir como elemento líquido sobre Marte. El problema es si esa composición sería apta para la vida. De Río Tinto sabemos que algunos microorganismos terrestres podrían sobrevivir en esas condiciones pero no vida normal. Es más, la mayoría de los extremófilos encontrarían esa disolución como algo imposible de soportar. Por añadidura, tal sustancia sería incompatible con el surgimiento de la vida (siempre tal y como la conocemos). Es decir, que si desde su origen el agua marciana se parecía en algo a esa solución, la biosfera marciana no habría podido desarrollar vida casi con plena seguridad.

Con todo y con eso, Meridiani Planum sigue abriendo un resquicio a la esperanza. Algunos astrobiólogos creen que las rocas de Meridiani podrían ser fruto de una catástrofe química local. Es decir, que las condiciones no fueron siempre tan duras y que esa dureza bien pudo ser algo temporal debido a alguna catástrofe de algún tipo aún por determinar. El resquicio a la esperanza tiene una base muy sólida: se han detectado arcillas en la zona. Estas arcillas parecen anteriores a las sales y, sin lugar a dudas, sólo se podrían haber formado en un ambiente no ácido, mucho más similar al ambiente terrestre, con un agua mucho más “sana” para la vida. Es como si, bajo ese manto ácido, hubiera habido alguna vez una Tierra en pequeño. Al menos, en la zona de Meridiani Planum.

Volvamos a Río Tinto. El pH ácido de las aguas de Río Tinto disuelve el hierro de la pirita, muy abundante en toda la zona. Esto es lo que le da al agua el color rojo oscuro que, a su vez, da nombre al Río Tinto. La pregunta sigue siendo la misma: ¿es Río Tinto similar a Meridiani Planum? Como os dije con anterioridad, es muy probable que ambas aguas fueran similares, lo que provoca en NASA un interés muy elevado por esta zona de Huelva. De hecho, la Agencia espacial americana escogió Río Tinto para realizar ensayos de sondeos en Marte. No sólo debido a que las condiciones químicas parecen ser muy similares, sino también por el hierro, tan abundante como en Marte. De hecho, Río Tinto parece más un paisaje marciano que terrestre. Sabemos que la biología de Río Tinto no puede trabajar a pH 1; sin embargo, hay un dato muy interesante. Los microorganismos de Río Tinto han desarrollado un mecanismo que les permite rebajar la acidez. Este mecanismo les sirve para expulsar protones del interior de sus células, lo que contribuye a bajar la acidez de las mismas. La pregunta surge por sí sola: ¿hubo en Marte algún organismo que haya utilizado también ese sistema de supervivencia en ambientes extremos? No sabemos la respuesta. No es imposible, pero tampoco probable.

Hagamos ciencia y apliquemos a Marte lo que sabemos de la vida en nuestro planeta. Supongamos agua líquida y de calidad en el planeta rojo, en algún momento de su historia. Ahora debemos pensar en el planeta en sí y en cómo obtendría esa vida la energía para subsistir. Hay que comprender que la energía es un factor fundamental para la vida y que la existencia de agua no es suficiente. En el caso de los planeta pequeños como Marte, la energía puede ser un factor totalmente bloqueante. Pensemos en que la velocidad de enfriamiento del planeta desde su formación hasta que se encuentre lo suficientemente frío como para albergar vida debió ser muy rápida, debido al escaso tamaño del planeta. Supongamos, además, la existencia de elementos químicos capaces de emitir calor por desintegración nuclear y, también una elevada tasa de vulcanismo. Con todo este coctel y el agua líquida, se calcula que la cantidad de vida que podría haber surgido en toda la historia del planeta Marte sería la equivalente a la surgida en una Tierra joven en tan sólo unos 100 millones de años.

Dicho con otras palabras: si las anteriores suposiciones son ciertas, en Marte hubo energía suficiente como para que la vida surgiera y se desarrollara, pero no hubo energía suficiente como para que esa vida llegara a colonizar todo el planeta. Vemos, pues, cómo la energía es un factor muy limitante para la vida. Sobretodo en planetas de tamaño pequeño, como es el caso de Marte. Siendo el agua fundamental para la vida, la energía (su escasez) puede dar al traste con la vida. Tan es así que en Marte, en las condiciones anteriormente supuestas, la vida no habría pasado del nivel de las cianobacterias.

Finalmente, no quiero dejar de mencionar una hipótesis más, siempre usando la Tierra como referencia. Descartemos los medios salinos en Marte, al menos hasta que haya pruebas de agua no tan ácida. Pensemos en la Tierra. ¿Dónde podemos encontrar un terreno muy similar al marciano y donde podamos encontrar alguna forma de vida en nuestro planeta? Para la Tierra, Marte no es sino un gran congelador. Busquemos vida, por tanto, en los valles secos de la Antártida o en el permafrost de Siberia. Efectivamente en ambos tipos de terreno (seco) podemos encontrar microorganismos activos a 20 grados bajo cero. Dado que cualquier organismo vivo que cayera al agua de Meridiani Planum se disolvería en horas, muchos astrobiólogos recomiendan abandonar la búsqueda en las zonas de sedimentos y buscar restos de vida en las tierras altas del hemisferio sur, donde lo que más abunda es el permafrost y hay, además sospechas de la existencia de antiguos mares. Según los expertos, se trataría de abandonar la búsqueda de halófilos (habitantes de medios salinos) por los psocrófilos (habitantes de terrenos congelados).

No es esta última una mala hipótesis. Esperemos que Curiosity nos pueda dar más información que nos permita avanzar en nuestras hipótesis o descartar las que no sean correctas.


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