Plutón y los Plutinos: ¿qué es un planeta?

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Cuando me enteré de que la IAU, Unión Astronómica Internacional, había degradado a Plutón a planeta enano sufrí una decepción. Pero hay que tener en cuenta que la definición de planeta no es tan sencilla. Pensemos en el cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter o en el cinturón de Kuiper, más allá de Neptuno, que también nos vale como ejemplo. Ambos cinturones, aunque Kuiper es más bien un disco, están formados por miles de objetos celestes, todos orbitando alrededor del Sol. Tenemos claro que ningún objeto perteneciente a estos cinturones puede considerarse planeta. Quizá porque de forma intuitiva pensamos que un planeta no comparte su órbita con otros cuerpos. Pero si pensamos así y actuamos en consecuencia, tendríamos que desbancar a Júpiter y a Neptuno como planetas. ¿Por qué? Porque en su órbita se sitúan los troyanos, cuerpos celestes que merecen un artículo aparte, pero que acompañan a Júpiter y a Neptuno como cualquier asteroide es acompañado por otro asteroide en su cinturón. En ninguna cabeza cabeza cabe no considerar a Júpiter o Neptuno como planeta, ¿verdad?

Pero fijaos hasta qué punto la discusión no es baladí: hay tanta “basura”, es decir, tantos objetos celestes orbitando más allá de Neptuno que si la Tierra en vez de estar en su órbita, estuviera situada en la órbita de Plutón, no habría sido capaz de limpiar gravitacionalmente la zona de cuerpos celestes, por lo que estaría en la misma situación que Plutón y no podría considerarse un planeta. También es absurdo, ¿verdad? Y más cuando estamos descubriendo a cientos, a miles, exoplanetas; es decir, planetas que orbitan otros soles y, de ninguna manera estamos en condiciones de afirmar si estos planetas han limpiado o no sus órbitas de otros cuerpos celestes.

Cambiemos, entonces, la definición de planeta. Olvidémonos de la limpieza orbital y consideremos planeta a todo objeto esférico en órbita de una estrella. Si hacemos eso, pasamos de 9 planetas en nuestro Sistema Solar, a 13, ya que recientemente se han descubierto dos objetos celestes en el cinturón de Kuiper que se atendrían perfectamente a la definición. Este problema ya lo tuvieron los astrónomos en 1852, momento en el que el número de planetas era  de 23: los 8 planetas actuales y 15 asteroides (Plutón no había sido descubierto aún). En aquel entonces se decidió que los asteroides como Ceres y Vesta no eran planetas, sino asteroides (hoy son planetas enanos, como Plutón). No hace falta ser muy avispado para entender que la decisión fue la correcta, antes de que se nos fuera de las manos el número de planetas que en realidad no son planetas.

También tenemos claro que Ganímedes, que es mayor que Mercurio, no es un planeta, porque orbita a Júpiter y no al Sol. El problema de Ganímedes fue precisamente ese: que Júpiter estaba demasiado cerca. Si no, habría sido un planeta en toda regla. Así que la cuestión del tamaño tampoco es una buena referencia de cara a completar con éxito una buena definición de planeta.

A estas alturas, uno ya ha desistido de dar una definición de planeta que sea más o menos coherente. Por eso, aunque a muchos nos dolió la decisión, desbancar a Plutón del grupo de planetas tiene bastante sentido. Al menos si analizamos el objeto celeste en sí de una manera objetiva. De hecho, Plutón en realidad es el primero de los objetos descubiertos pertenecientes a una nueva categoría: los plutinos. Estos cuerpos celestes, con Plutón a la cabeza, comparten una cualidad fundamental: están en resonancia 3:2 con Neptuno. Esto, que puede sonar a “cosa rara”, tan sólo significa que Neptuno da tres vueltas al Sol en el mismo tiempo en el que los plutinos dan dos vueltas. Estas resonancias son muy comunes en Astronomía, porque suelen generar con el paso del tiempo órbitas estables.

Es interesante también destacar que, aunque Plutón fue el primero de los plutinos descubierto, y el único durante la friolera de 62 años, no es el más grande. Eris, descubierto en 2005, es mayor que Plutón, pero tiene el inconveniente de estar muchísimo más lejos, por lo que pasó desapercibido durante mucho tiempo.

Cuando, en agosto de 2006, la Unión Astronómica Internacional aprobó tras votación a mano alzada, la degradación de Plutón, éste fue reclasificado junto con Eris y el asteroide Ceres como planeta enano. Los tres cuerpos tienen en común su geometría esferoidal, girar alrededor del Sol, no ser satélite de ningún planeta y compartir su órbita con otros cuerpos de forma y masa parecidas. Pero no penséis que el debate quedó ahí. Esta nueva categoría de planeta enano trajo de cabeza a muchos científicos. Hubo muchas discusiones y descalificaciones entre los partidarios de Plutón y los que no. Muchos llegaron a afirmar que el debate no era científico, sino un mero debate gramatical. Y todo ello mientras los niños, en todo el planeta, tenían que olvidarse de Plutón. Aunque puestos a pasarlo mal, los niños de habla inglesa son los que peor encajaron el golpe, puesto que Plutón, en inglés, es Pluto: uno de los dibujos animados preferidos de todos los niños.

Termino este artículo sin haber podido dar una definición exacta de planeta. Pero es que no la tengo. Sea o no un debate gramatical más que científico, o científico más que gramatical, llegados a este punto sólo me queda decir: adiós Pluto. En fin, cosas de mayores.

 

 


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