Vida en el Sistema Solar: Venus

vida-en-el-sistema-solar-venusComplicado es, ¿a qué negarlo?, descubrir vida en el Sistema Solar, aunque la hubiera. A pesar de todo, no se pudo descartar la existencia de vida inteligente hasta la década de 1960. Esto, que puede resultar en extremo absurdo, no lo es. De hecho, aún no hemos podido descartar la existencia de vida de tipo bacteriano en otros lugares del Sistema Solar distintos a nuestro planeta. La causa está clara: hasta la década de 1990 no se identificó en nuestro propio planeta la vida endolítica; es decir, la vida que se alimenta de energía que se obtiene a través de reacciones químicas que tienen lugar en las rocas. Entonces, si complicada es la detección de vida endolítica en la Tierra, ¿qué decir de descubrirla en otros planetas? Por no mencionar que la zona de habitabilidad lumínica la sitúan los astrónomos hasta las 100 unidades astronómicas; esto es, tres veces la distancia a Plutón. De ahí en adelante, la luz del sol es demasiado débil como para poder sustentar vida. Y queda mucho por explorar al triple de distancia de Plutón. Es más, queda mucho por explorar a la distancia a Plutón.

Pero no nos alejemos tanto. Al menos, tan pronto. Analicemos Venus, el segundo planeta del Sistema Solar y veamos a qué conclusiones podemos llegar. Lo primero que uno descubre cuando analiza Venus es que debió tener un océano primitivo. ¿Cómo podemos llegar a esa conclusión? Creemos que Venus tuvo un gran océano debido a que contiene una proporción mucho mayor de deuterio que de hidrógeno. No os asustéis porque el argumento es muy simple: el deuterio es un isótopo del hidrógeno. El hidrógeno está formado por un protón. El deuterio, 2H, está formado por un protón más un neutrón. Esto hace que el deuterio sea bastante más pesado que el hidrógeno normal. El deuterio es tan bueno como el hidrógeno para formar agua al unirse a un átomo de oxígeno. El quid está en que el agua formada por deuterio pesa más que el agua formada por hidrógeno. A medida que la luminosidad del Sol fue en aumento en tiempos remotos, el viento solar era capaz de arrancar las moléculas de agua del planeta y arrojarlas al espacio (recordad que Venus carece de un campo magnético protector). Sin embargo, para el viento solar era mucho más fácil arrancar agua normal que agua pesada, precisamente por eso: porque pesa más y ofrece más resistencia. De este modo, quedó un residual mucho mayor de deuterio que de hidrógeno en el planeta, que es lo que podemos observar hoy.

Esta situación, con un Venus muy distinto al actual y con un gran océano, me permite hablar ahora de lo que los científicos conocen como analogía “goldilocks”: tres platos de sopa, pero sólo uno a la temperatura adecuada. Me explico. Hace unos 3.500 millones de años, Venus, la Tierra y Marte debieron parecerse en extremo. Los tres están dentro de la zona de habitabilidad solar (me refiero en este caso a la habitabilidad que, por definición, requiere de agua líquida, no a la lumínica que mencioné al principio del artículo y que es bien distinta). Y los tres debían tener grandes océanos. Serían tres platos de sopa, aunque tan sólo la Tierra estaría a la temperatura adecuada. Pero esta última afirmación hay que hacerla con sumo cuidado. No son pocos los astrobiólogos que piensan que en aquel entonces la vida surgió y se desarrollo en los tres planetas ¡a la vez! Fue la posterior evolución de éstos lo que imposibilitó la continuidad de la vida en Venus y Marte y la permitió en la Tierra. Por no salirnos de Venus, el mero hecho de que hace unos 500 millones de años la superficie del planeta se cubriera de lava imposibilita saber hasta qué punto la vida pudo evolucionar en este planeta.

Por tanto, en el caso de Venus, los astrobiólogos plantean dos cuestiones: si surgió la vida en Venus al mismo tiempo que en la Tierra, y cuáles son las posibilidades de que exista vida en la actualidad. Para la primera cuestión, la existencia del océano da que pensar. Pero no podremos pasar nunca de hacer un mero ejercicio imaginativo, ya que hablamos del planeta más activo volcánicamente de todo el Sistema Solar y la reconstrucción total de su superficie hace 500 millones de años nos impide saber cómo pudo evolucionar esa vida, como os decía. Pero el caso de vida actual no es desdeñable. Sin embargo, este último punto está más relacionado con la hipótesis de qué pasaría si llevamos organismos extremófilos terrestres a los ambientes venusinos. ¿Resistirían? No es como descubrir vida allí, si no comprobar si la vida de aquí podría vivir allí. Al menos, la vida de aquí que se siente cómoda en los ambientes extremos. Esto, que tampoco deja de ser un juego de la imaginación tiene su aquel.

Para esta clase de experimentos se requiere de las nubes de Venus debido a que la presión y la temperatura a unos 30 km de altitud (es decir, en la base de las nubes venusinas) son muy parecidas a las de la superficie de nuestro planeta. Pero, recurrir a las nubes tiene sus problemas. Por ejemplo, de inestabilidad. Tampoco es desdeñable el problema de la radiación ultravioleta. Esta radiación llegaría en toda su potencia a los organismos que habitasen las nubes. Y, como remate final, el 85% de una nube de Venus típica está formada por ácido sulfúrico. Es decir, que no parece nada sencillo extrapolar los organismos o bacterias terrestres que viven en las nubes de nuestro planeta, que los hay, y los organismos terrestres extremófilos que soportan la acidez extrema, como los habitantes de Rio Tinto, en Huelva, no parece nada sencillo, decía, extrapolarlos al ambiente atmosférico de Venus.

Pero ahora mismo, es lo único que tenemos…

 


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