La Nebulosa Esquimal

la-nebulosa-esquimalEn 1787, sir William Herschel (1739-1822) descubrió la Nebulosa Esquimal. Salvo la descripción de una pequeña mancha visible en su telescopio, poco más nos podría haber contado Herschel de aquel descubrimiento suyo. Hoy, si fuera posible cruzarnos con él, le podríamos dar tantos detalles de su descubrimiento que, sin duda, sir William buscaría asiento para reposar toda la información recibida. Pensaría que vivimos en una época excepcional, donde tantos misterios han quedado resueltos y tanto conocimiento tenemos acerca de las estrellas, de su comportamiento y de su evolución. Sin duda, el descubridor del planeta Urano sentiría envidia de nuestra época, aunque actualmente no tengamos “Uranos” que descubrir.

Situada a unos 4.000 años luz de distancia de nuestro planeta, en la constelación de Géminis, esta nebulosa planetaria comenzó a formarse hace 10.000 años, cuando la estrella de la que surgió empezó a emitir “vientos” de gran intensidad. Por “vientos” entiéndase partículas de alta energía, como protones y electrones. Tal cual os he contado en otras ocasiones, nuestro Sol también emite esas partículas en forma de viento solar, sólo que lo hace en una medida mucho más modesta, afortunadamente para nosotros y también para nuestro propio Sol.

No hay más que ver una foto de la nebulosa para entender el por qué de su nombre: cualquiera diría que se asemeja a la cabeza de un inuit rodeada por su capucha, aunque lo que está aconteciendo en esa zona del espacio es mucho más interesante. Sobretodo si sabemos que la estrella que dio origen a la nebulosa planetaria Esquimal era una estrella muy similar a nuestro Sol. Eso le da una nueva perspectiva a lo que podemos observar cuando enfocamos nuestros telescopios a esta región del espacio porque quizás nuestro astro rey tenga un final muy parecido.

Y lo que vemos es que estas estrellas, llegada su hora, se van desprendiendo, en un a modo de streap tease, de sus capas exteriores hasta dejar al descubierto su núcleo. La radiación ultravioleta que desprende la estrella es capaz de ionizar el material expulsado en forma de capas, haciéndolo visible y dando lugar a ese patrón similar al inuit con su capucha. El poderoso viento estelar generado en el núcleo de la estrella es capaz de provocar colas cometarias en los objetos múltiples que forman el anillo que rodea la estrella. Estas formaciones son las que dan lugar a la “capucha” del Esquimal, quedando en el centro una pequeña cara con forma de corazón.

La parte que se corresponde con la cara del Esquimal emite rayos X debido a la poderosa interacción entre los vientos estelares con las capas del material eyectado, calentando la zona a una temperatura cercana a los dos millones de grados centígrados y que es, con mucho, superior a los 14.000ºC que tenían las capas superficiales de la estrella.

Toda esta información se desprende de los datos proporcionados por el observatorio espacial XMM-Newton, que ha arrojado un poco de luz del interior de esta nebulosa a más de 4.000 años-luz de distancia. No obstante, la imagen presentada en el artículo está generada con datos del propio observatorio XMM-Newton sumados a datos del Hubble. En concreto, los datos recogidos por el XMM-Newton se muestran en color azul y los datos recogidos por el telescopio espacial Hubble son de color rojo y verde, mostrando la fotografía una composición de ambos.

XMM-Newton merece una mención aparte. Se trata de un observatorio espacial de rayos X en honor de Newton, correspondiendo las iniciales a X-ray Multi-mirror Mission – Newton. Este observatorio de la Agencia Espacial Europea, ESA, fue lanzado al espacio el 10 de diciembre de 1999 desde la Guayana Francesa. Su órbita es tan excéntrica que lo aleja de la Tierra hasta los 114.000 km en su apogeo, y lo acerca a tan sólo 7.000 km en su perigeo. El observatorio tarda dos días en recorrer su órbita. Con esto lo que se pretende es evitar el bloqueo que sufren los rayos X por la atmósfera terrestre, de manera que no queden ocultos los fenómenos de más alta energía que ocurren a grandes distancias en nuestro universo.

Concebido para llevar a cabo una misión de dos años de duración, ESA decidió ampliar su tiempo de vida ante el éxito rotundo de la misma, que ha permitido la publicación de más de 2.000 trabajos científicos en las mejores publicaciones científicas.


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