Cometas en general, Ison en particular.

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Estoy convencido de que el primer ser humano de la historia se maravilló al contemplar por vez primera un cometa. Se maravilló y, seguramente, sintió temor. Heraldo de infortunios, sinónimo de desastres, mata reyes… La superstición y el mal fario acompañan a los cometas desde siempre. A pesar de que el primer ser humano vivió hace muchos, muchos miles de años, no tenemos registros de observaciones cometarias anteriores a los últimos 3.000 años: Siglo XV a. de J.C.: “…cuando Jie ejecutó a sus fieles consejeros hizo su aparición un cometa”. Estas son las palabras más antiguas conservadas que se refieren a un cometa. Pero el primero en maravillarse por la visión de uno de estos objetos celestes seguramente no podría ser catalogado como ser humano. No. Aún no. Era demasiado pronto. Fue hace un millón de años… Pero sí: encendió una chispa que nos ha llevado hasta aquí.

Desde las épocas más remotas los cometas fueron considerados con tal terror que era imposible que nadie los analizara con cierto raciocinio. Así que hubo que esperar al año 1472 a un tal Regiomontano, que significa Rey de la Montaña, traducción al alemán de su lugar de nacimiento, la ciudad de Königsberg. Este astrónomo cuyo verdadero nombre no era otro que Johann Müller (1436-1476) tuvo el arrojo suficiente como para soportar el temor irracional y dedicar varias noches a la observación minuciosa de un cometa aparecido ese año. De este modo, y por primera vez en la historia de la humanidad, alguien fijó con exactitud la trayectoria de un cometa en el cielo nocturno. Nacía así el estudio racional de los cometas.

Pero antes de seguir, dejadme que os cuente un par de anécdotas curiosas: entre el 1400 a. de J.C. y el 1600 d. de J.C. los chinos registraron 388 apariciones de cometas y sólo se perdieron una vez el paso del cometa Halley, aunque en aquel entonces nadie sabía que los cometas podían regresar. En todo caso, es evidente que los chinos sentían atracción por estos cuerpos celestes, registrando una media de un cometa por década. Tan es así, que se cree que los chinos inventaron los cohetes pirotécnicos para representar a los cometas y darle color a los cielos durante las largas ausencias entre un cometa y otro. No me negaréis que la historia es romántica.

Romántica también es la primera representación realista de un cometa. Romántica y cargada de simbología religiosa. Corría el año 1301 cuando comenzó a brillar en los cielos de Europa un gran cometa. Cuanto más brillaba, mayor era el pánico entre los europeos de la época. Sin embargo, al igual que años más tarde haría Regiomontano, hubo alguien que le dedicó más de una mirada curiosa. Alguien con un ojo artístico innegable. Hablo del pintor italiano Giotto di Bondone (hacia 1267-1337). En 1304, Giotto pintaba uno de sus cuadros más famosos: “La Adoración de los Reyes Magos”. La magia de Giotto le llevó a considerar la Estrella de Belén como si de un cometa se hubiera tratado. Para ello, Giotto se había inspirado en aquel cometa de 1301. Al contrario que otros de su mismo oficio, Giotto no se dejó llevar por el pánico, ni sucumbió a la tentación de pintar escenas ridículas relacionadas con estos cuerpos celestes.

Nuestra estrella, al igual que el resto de estrellas, además de luz, lanza al espacio una cantidad enorme de partículas cargadas. Protones y electrones principalmente. Es lo que conocemos como viento solar y es especialmente huracanado cuando hay grandes tormentas solares. Este viento solar es el causante de las colas cometarias. A medida que el cometa se acerca al Sol sufre con una mayor virulencia el viento solar, que arranca partículas de la superficie del núcleo cometario generando la cola, siempre en posición opuesta al Sol. Estas partículas quedan esparcidas por la órbita del cometa. Un cometa puede llegar a perder un metro o más en cada paso por el perihelio (distancia más cercana al Sol). Cuando nuestro planeta atraviesa la órbita de un cometa, las partículas milimétricas o del tamaño de un grano de arena penetran en nuestra atmósfera, generando las lluvias de estrellas. Por eso la misma lluvia de estrellas ocurre siempre alrededor de la misma fecha cada año y suelen ser más virulentas si el cometa ha pasado recientemente por el perihelio (la distancia menor al Sol en la órbita del cometa). Una de las lluvias de estrellas más famosas son las Perseidas o lágrimas de San Lorenzo, que tienen lugar entre el 11 y el 15 de agosto. El cometa culpable es el 109P/Swift-Tuttle.

Permitidme algunos homenajes antes de que me olvide y pase a otra cosa.

  • El primero de ellos es para Fiedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr Von Humboldt (1769-1859). Fue el primero en proponer que los aerolitos y los meteoritos son restos de cometas.
  • Un segundo homenaje para Giovanni Schiaparelli (1835-1910): a él le debemos la demostración de que las lluvias de estrellas de las Perseidas y las Leónidas se debían a restos cometarios. El caso de Schiaparelli es interesante porque cuentan los historiadores que a los seis años contempló una lluvia de estrellas fugaces que fascinó su mente infantil. Toda la curiosidad que sintió le llevaría más tarde a realizar uno de los tratados más completos y exactos de este fenómeno, dando una explicación al mismo.
  • Un tercer homenaje para Girolamo Fracastoro, acuñador de la palabra sífilis. Fue en 1538 cuando publicó un libro que recogía sus observaciones realizadas a los seis cometas que aparecieron en los cielos en la década de 1530. Fracastoro se dio cuenta de que la cola de un cometa siempre apunta en dirección contraria al Sol. El no sabía la causa, pero nosotros, hoy en día, sí: el viento solar.
  • El cuarto de los homenajes es para Peter Bennewitz (en latín Petrus Apianus, 1501-1552) y debería ser compartido con Fracastoro: en 1540 publicó un libro en el que llegaba a la misma conclusión que Fracastoro de manera independiente. Además, se permitió el lujo de publicar el primer dibujo científico de un cometa, con la cola siempre en posición opuesta al Sol.

Homenaje aparte es el que merece Tycho Brahe (1546-1601). En 1577 apareció un cometa y Tycho lo observó tratando de medir su paralaje: es decir, comprobar si la observación del cometa desde dos puntos alejados uno del otro provocaba que el fondo de estrellas sobre el que se ve el cometa fuera distinto. Los que os preguntéis por qué hizo esto debéis saber que en la época de Tycho los cometas se consideraban fenómenos atmosféricos, por lo que debían estar cerca de nosotros. Que estuvieran cerca implicaría un gran paralaje: es decir, que el fondo de estrellas sobre el que un observador ve el cometa sería muy distinto desde dos puntos de observación alejados. Tycho no fue capaz de medir paralaje alguna, por lo que consideró que los cometas debían estar muy lejos, más lejos que la Luna.

1758 es una fecha especial. Fue el año en el que regresó el cometa 1P/1682 Q1, más conocido como el cometa Halley. Halley (el astrónomo) merece un homenaje que excede este artículo. Esta vez os diré únicamente que fue la primera persona en comprender que los cometas podían ser objetos celestes con órbitas tan grandes que les llevaría cierto tiempo el regresar, pero que podían volver al fin y al cabo. En concreto, Halley descubrió que había una aparición periódica cada 75 años de un cometa cuyos primeros registros databan del primer milenio a.de J.C. El perfeccionamiento del estudio de las órbitas cometarias a partir de 1705 y su paciencia le llevaron a poder predecir el regreso de un cometa. En la Nochebuena de 1758, un campesino alemán que además era astrónomo aficionado, Johann Palitzsch, fue la primera persona en ver el regreso del cometa predicho por Halley. Halley tenía razón, aunque su fallecimiento ocurrido en enero de 1742 le impidió contemplar su regreso. Y es que hay una tradición que dice que rara es la persona que consigue ver el paso del Halley dos veces en su vida siendo consciente de ello, puesto que el cometa tarda toda una vida, 75 años, en regresar.

Pero vivir en nuestra época no nos garantiza estar exentos de más supersticiones o temores en relación con los cometas. A finales de este año está prevista la visita a nuestro vecindario espacial de un cometa denominado Ison. Según las previsiones actuales, Ison podría llegar a ser tan brillante como la luna llena, lo que nos permitiría contemplar su esplendor incluso a plena luz del día. Y los temores han surgido en buena parte de la opinión pública de manera injustificada. Sobretodo porque Ison tiene un núcleo de hielo y roca de unos 5 km de diámetro. Con ese tamaño, un impacto contra la Tierra causaría una extinción a nivel planetario.

Que Ison sea tan brillante se debe a que no ha pasado nunca cerca de nuestro Sol. Esta es la primera vez que lo hará tras iniciar un viaje de millones de años desde la Nube de Oort, una esfera situada a unas 100.000 veces la distancia que separa la Tierra del Sol. Esta esfera está llena de núcleos cometarios, restos del material que dio origen al Sistema Solar, moviéndose en un equilibrio inestable a la velocidad aproximada de una avioneta. Cualquier perturbación puede hacer que “caigan” hacia el interior del Sistema Solar, como le ha ocurrido a Ison. Por tanto, cuando Ison se acerque a finales de año, será su primer paso y quizá el único. Y buena parte de la capa del hielo se sublimará, pasando de hielo a gas directamente, y arrancando parte del material rocoso que forma el núcleo.

Es posible que C2012 S1 Ison pase una única vez. Esto es deducible por la C del nombre, que significa cometa de paso único. Cuando el nombre del cometa empieza por P, como es el caso del Halley, significa que el cometa es periódico. Aunque se espera que su luminosidad sea espectacular bien podría suceder que no lo fuera. En ocasiones el material del que está hecho el cometa es tan frágil que éste queda destruido totalmente demasiado pronto. Y experiencia en desilusionarnos con el paso de un cometa que promete y queda en nada la tenemos muy reciente: el mes pasado se aproximaba a nuestro Sol el cometa Panstarrs (C/2011 L4), proveniente también de la nube de Oort. Se esperaba que brillara al menos como el planeta Venus, el tercer objeto más brillante del Sistema Solar tras la Luna y el Sol y el resultado ha sido bien distinto.

Pero si acertamos con Ison, hacia el 14 ó 15 de enero viviremos una de las lluvias de estrellas más espectaculares de las últimas décadas. Ison pasará el 28 de noviembre a 1.100 millones de km del Sol. Hacia el 1 de octubre pasará a unos 10.8 millones de km de Marte y el 26 de diciembre lo hará a tan sólo 62 millones de km de la Tierra. A mediados de enero de 2014 la Tierra interceptará la órbita del cometa, atravesando los restos que este haya ido dejando esparcidos por los fenómenos físicos que ya os he explicado. Será todo un espectáculo digno de ver. Disfrutémoslo lejos de las supersticiones.


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