Lunokhod 1.- Una historia de encuentros y desencuentros.

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Abril de 2010. La noticia me pilló por sorpresa: habían encontrado al Lunokhod 1, tras cuarenta años perdido. Lunokhod 1 es un robot explorador en cierto modo parecido al Curiosity. Digo en cierto modo, porque la tecnología de Lunokhod 1 y la del Curiosity se parecen tanto como un ordenador de los años 70 y uno de hoy en día. O lo que es lo mismo, como un huevo a una castaña. Pero cumplió su misión durante más tiempo del esperado y, sin duda, fue un hito para su época.

Tenemos que trasladarnos en el tiempo a 1970 y en el espacio a la Luna. Apenas un año después de que el ser humano pusiera un pie en nuestro satélite, los rusos intentaban no quedarse muy descolgados de la exploración espacial, a pesar de que el varapalo recibido era irrecuperable. El 17 de noviembre de 1970, el Lunokhod 1 llegó a la Luna con una misión muy clara: hacer fotografías y transmitirlas la Tierra. Pero Lunokhod 1 era especial: se trataba del primer vehículo teledirigido desde la Tierra. Y era de fabricación rusa: se anotaron el tanto.

Podríamos decir que se trataba de un coche en pequeño. Aunque, insisto, hoy en día nos resultará más fácil si lo comparamos con el explorador marciano Curiosity. Tenía 8 ruedas y una longitud de 2.22 metros. Su anchura era de 1,60 metros y tenía una masa de 756 kilogramos en la tierra. Esa misma masa le daba un peso en la Luna de apenas 126 kg (la masa es la misma, pero la gravedad lunar es un sexto de la de la Tierra).

Y alunizó en el Mare Imbrium, zona que procedió a explorar con éxito notable. Teledirigido desde la Tierra, recorrió más de 10 km sobre el Mare Imbrium, realizando más de 20.000 fotografías y un centenar de vistas panorámicas. Se esperaba que su tiempo de vida fuera de 3 meses; sin embargo, Lunokhod 1 pudo ser controlado desde Tierra durante más de 10 meses. Todo un éxito.

Aparte de su misión de reconocimiento de las propiedades químicas del suelo y de la toma de fotografías, Lunokhod 1 tenía también un reflector láser de fabricación francesa. El reflector fue utilizado para poder determinar con exactitud la distancia Tierra-Luna. Para ello, se lanza un rayo láser contra la parte reflectora del Lunokhod1 fabricada ad hoc. Al rebotar, se mide el tiempo que transcurre desde que el rayo es lanzado hasta que es recogido de nuevo en la Tierra. Como el rayo láser viaja a la velocidad de la luz, conociendo el tiempo que tarda en ir y volver y dividiendo entre dos se obtiene la distancia a la Luna con exactitud. Gracias a este sistema, sabemos que la Luna se aleja de nosotros 3 cm al año, el mismo ritmo al que crecen nuestras uñas.

Por eso, tras los 10 meses de misión y pensando que el aparato no sería capaz de sobrevivir durante mucho tiempo más, los técnicos rusos “aparcaron” el Lunokhod 1 en una zona situada de manera que el reflector láser apuntase a la Tierra y, finalizada su vida útil, al menos pudiera seguir siendo utilizado como reflector láser; los datos se sumarían a los obtenidos por los espejos de las distintas misiones Apolo, de NASA. El motivo por el que sabían que la vida útil se acercaba al final estaba relacionado, al parecer, con la pila que alimentaba al aparato: su vida útil no pasaría de los 11 meses y, una vez agotada, el vehículo explorador se congelaría en las noches lunares.

Después de Lunokhod 1 hubo un Lunokhod 2 en 1973 y un Lunokhod 3 en 1976, aunque este último no llegó a visitar la Luna.

Lunokhod 1, The First Remote Control Robot That Arrived On An Extraterestrial Field On The Seventies.Os decía al principio del artículo que en abril de 2010 Lunokhod1 fue noticia, 40 años después de su lanzamiento. Un equipo de físicos norteamericanos encontraron el reflector láser y decidieron probarlo con éxito. La sorpresa fue mayúscula, puesto que lejos de obtener una señal débil o no obtener nada, básicamente porque el cacharro debería estar cubierto de polvo lunar, obtuvieron una señal alta y clara.

La señal del “caminante lunar”, pues así podríamos traducir Lunokhod, se perdió en 1970 y su silencio se mantuvo hasta marzo de 2010. El aparato fue encontrado por el Lunar Reconnaisance Orbiter, el LRO, y el equipo liderado por Tom Murphy decidió lanzar pulsos de luz láser desde el telescopio de 3.5 metros de diámetro perteneciente al Observatorio Apache Point, en Nuevo Méjico. Y la nave respondió “alto y claro”, aseguró Murphy.

Se abría entonces una posibilidad muy interesante puesto que los científicos tratan de medir con  precisión milimétrica (no os imagináis hasta qué punto) la órbita de la Luna. Para ello utilizan los espejos reflectores láser dejados por las misiones Apolo 11, 14 y 15. Y finalmente, como os indiqué con anterioridad, podían sumar la del Lunokhod, lo cual contribuiría a realizar mediciones más precisas.

Sin embargo, no se volvieron a tener noticias del robot hasta marzo de este año, momento en el que un equipo de franceses del Observatorio Côte d’Azur, liderado por por Jean Marie Torre dio con él de nuevo y durante 3 días consiguió establecer contacto. Ahora se barajan varias posibilidades para la falta de funcionamiento del reflector: un exceso de polvo lunar (de nuevo el polvo está ahí para despistar), que se haya cerrado la cubierta protectora de la nave, o que no haya sido estacionado apuntando a la Tierra tal y como se pensó en su momento.

Habrá que ver qué más sorpresas nos depara el futuro del Lunokhod 1. Seguro que su historia no ha sido escrita del todo.


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