Exolunas

exolunasEn cuanto surgió la idea de la posible existencia de un planeta fuera de nuestro Sistema Solar, surgió también la necesidad de ponerle un nombre a tal cuerpo celeste. Nació entonces una pequeña discrepancia entre algunos astrónomos en cuanto a qué nombre era el más adecuado. Para algunos, el término correcto era “planeta extrasolar”. Para otros, el neologismo correcto debía ser “exoplaneta”, puesto que no se conocen planetas intrasolares. Hoy en día siguen conviviendo ambas nomenclaturas, pero yo sigo en mis trece: el término correcto es exoplaneta.

No sólo para el gran público, el concepto de exoplaneta va asociado a la posibilidad de encontrar vida en otros lugares fuera de nuestro Sistema Solar. Junto con el término exoplaneta surge la idea de “zona habitable”, ese lugar o esa franja alrededor de una estrella en la cual se darían las condiciones necesarias para la vida tal cual la conocemos. Por ejemplo, la existencia de agua líquida. En nuestro Sistema Solar, la zona habitable tiene unos límites muy definidos entre la órbita de Venus y la órbita de Marte. La Tierra, obviamente, cae de lleno en la zona habitable de nuestro Sol, pero lo hace por definición. No quiero hacer filosofía, pero sería difícil de entender que definiéramos una zona habitable, obviamente con los parámetros que requiere la vida tal y como la conocemos, y nuestro planeta no estuviera en esa zona.

La existencia de los exoplanetas conlleva la existencia de las exolunas, un neologismo que no necesita explicación. Las exolunas orbitan exoplanetas y si los exoplanetas se encuentran en zonas habitables de sus respectivas estrellas, sus exolunas también lo harán. Esto ha llevado a varios astrónomos a fijarse en estos cuerpos celestes y dedicarles un tiempo que consideran necesario, puesto que una exoluna podría tener la misma probabilidad de sustentar vida que un exoplaneta. No olvidemos que orbitando un exoplaneta gaseoso tipo Júpiter podríamos encontrar una exoluna tipo Tierra. ¿Supertierras orbitando Júpiter Calientes y con condiciones ideales para la vida? ¿Por qué no?

El gran problema es que aún no se ha encontrado una exoluna. El motivo es muy claro: una exoluna sería aún más pequeña que el exoplaneta sobre el que orbite y si, a pesar de las nuevas técnicas y resoluciones de los telescopios, aún resulta difícil localizar exoplanetas de tamaño pequeño, localizar exolunas parece una tarea imposible con la tecnología actual. Aún así, existen equipos de investigación que tratan de localizar estos exosatélites que, con total seguridad, existen. Nos encontramos ahora como en el año 1990: en aquella época sabíamos que los exoplanetas tenían que existir, pero aún no se había confirmado la existencia de ninguno. Hoy sabemos que las exolunas tienen que existir, pero no hemos conseguido aún darnos de bruces con ninguna.

No son pocos los astrónomos que han pensado en las condiciones climáticas que se darían en las exolunas. Los científicos se ponen de acuerdo en una cosa: las condiciones climáticas de las exolunas serán diferentes a las de los exoplanetas que orbitan. El motivo parece claro: sobre la exoluna cae dos tipos de radiación; la propia de la estrella y la que irradia el exoplaneta. En el caso de los Júpiter Calientes, la cantidad de radiación emitida por el exoplaneta puede ser considerable. Por otra parte, los eclipses regulares podrían afectar de manera notable al clima de las exolunas.

En este momento en el que las exolunas sólo juegan un papel teórico, resulta muy interesante pensar en la habitabilidad de estos cuerpos celestes. Por ejemplo, los astrónomos creen que la habitabilidad se vería afectada por las fuerzas de marea. Habría que tener en cuenta no sólo la posición, la distancia, del exoplaneta y su exoluna con respecto a la estrella, sino la distancia de la exoluna al exoplaneta, puesto que esta distancia afectará a las fuerzas de marea que tenga que soportar el satélite. Y las fuerzas de marea podrían ser, por tanto, una fuente considerable de energía. Tan es así que podría hacer habitable una exoluna que estuviera fuera de una zona habitable, al estar su exoplaneta lejos de su estrella; o convertir en un infierno de calor una exoluna que estuviera dentro de una zona habitable. Existen modelos teóricos que nos sirven para estimar la distancia mínima a la que debería ubicarse un exoluna de su planeta anfitrión para que la misma fuera habitable.

Resulta interesante trabajar en este campo en el que las cosas aún están por descubrir. Kepler, el telescopio espacial de NASA que tanto éxito está teniendo en la detección de exoplanetas, está siendo utilizado también para localizar exolunas, debido a su gran precisión fotométrica. Pronto tendremos sobre la mesa la noticia y seremos testigos de ello.


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