2012 DA14 no es un meteorito

2012-da14-no-es-un-meteoritoQue la Astronomía está de moda es innegable. Que los medios de comunicación carecen de asesoría científica mínimamente decente, también. Porque, señores de los medios, 2012 DA14 no es un meteorito, sino un asteroide. Reconozco, eso sí, que no ha sido algo generalizado y sólo ciertos medios cometieron el error. Aquellos que lo saben no deben olvidar y aquellos que no lo saben deben aprender, que un meteorito es, por definición, un objeto natural procedente del espacio que choca contra la superficie de la Tierra u otro cuerpo planetario. Por eso, a aquellos que llamaron y llaman meteorito al asteroide 2012 DA14 habría que preguntarles si es que acaso llegó a chocar con nuestro planeta. Las noticias que yo tengo es que pasó a unos 27.700 km de la Tierra. Casi. Pero lo bueno de esta vida es que los “casi” carecen de importancia.

El paso de 2012 DA14 no es sino una excusa para hablar de meteoritos, de asteroides y contaros ciertas cosas que creo que son interesantes o, al menos, sorprendentes. Por ejemplo, se estima que son entre 40 y 50 las toneladas de materia cósmica que entran cada día en la atmósfera terrestre. De esa cantidad, tan sólo una tonelada llega al suelo. Cuando uno de estos objetos entra en la atmósfera, su destino depende principalmente de su masa y de su velocidad. Las partículas más pequeñas y que conocemos como micrometeoritos se deceleran y caen suavemente sobre la superficie terrestre. Si el objeto es más masivo, por ejemplo, su masa está entre 0,0000001 gramos y 1 kg, producen meteoros: se convierten en objetos incandescentes que iluminan el cielo dejando una estela formando lo que comúnmente se denomina estrella fugaz. Pero, ¿qué ocurre con los objetos mayores? Por ejemplo, objetos con masas entre 1 kg y 1.000 toneladas. En ese caso, el objeto es frenado sustancialmente por el rozamiento con nuestra atmósfera. Si la masa del objeto es mayor a 1.000 toneladas, la atmósfera prácticamente no ejerce ninguna influencia en cuanto a ralentizar el movimiento del objeto.

Los que me seguís en la radio sabéis que cuando he hablado de la proximidad de alguna lluvia de estrellas, os he dado siempre el dato de la velocidad de los meteoros al entrar en la atmósfera. No olvidéis que una lluvia de estrella se forma cuando la Tierra atraviesa la órbita de un cometa: las órbitas cometarias cercanas al Sol, como la órbita de nuestra Tierra, están llenas de micropartículas o partículas mayores formadas por el material que se desprende del cometa y que forma su cola. Estos objetos quedan en la misma órbita del cometa. La velocidad de los meteoros suele variar entre 10 km/s para las más lentas y 80 km/s para las más rápidas. Para que os hagáis una idea del orden de magnitud, la velocidad de una bala viene a ser de entre 1 km/s y 500 m/s. Pues bien, la velocidad media de los objetos que entran en la atmósfera y llegan al suelo es de unos 20 km/s. Los que penetran en la atmósfera a más de 30 km/s suelen sufrir un 99% de ablación. Pero, a parte de la masa y la velocidad, un factor muy importante a la hora de que un objeto celeste llegue al suelo es su composición. No todos los meteoritos están hechos del mismo material y algunos son más blandos que otros.

De los tres tipos principales de meteoritos, férreos, pétreos y petroférreos, los pétreos aparentan ser unas veinte veces más abundantes que los otros dos juntos, atendiendo a los hallazgos descubiertos. Esta proporción podría ser incluso mayor, puesto que los pétreos son más fáciles de destruir o desmenuzar al penetrar en la atmósfera, por lo que podemos suponer que abundan todavía más. Para más inri, los pétreos son los que más sufren las inclemencias atmosféricas una vez han llegado al suelo hasta que son hallados.

Aunque pueda parecer sorprendente, el origen extraterrestre de los meteoritos no fue descubierto hasta el año 1803, fecha en la que Jean-Baptiste Biot (1774-1862), físico, matemático y astrónomo francés (añoranza de los tiempos en los que uno podía saber de varias disciplinas a la vez), investigó la lluvia de meteoritos de l’Aigle y determinó su origen espacial.

La mayoría de los meteoritos caen sin ser vistos en los océanos y en zonas no pobladas. Pero a partir de 1969, momento en el que se descubrió que los meteoritos se conservan en la superficie helada de la Antártida, no son pocas las expediciones que han partido en busca de esas rocas negras en el contraste blanco de los hielos. Y es que los meteoritos son muy útiles para la ciencia. Con una edad de 4.500 millones de años, son las rocas más antiguas de nuestro Sistema Solar, puesto que son parte del mismo material que dio origen a los planetas, pero que quedó sin ser utilizado para tal fin. Así pues, contienen las claves de la formación de nuestro planeta y del resto de planetas rocosos, como Mercurio, Venus y Marte. También es cierto que parte de los meteoritos que llegan a nuestro planeta provienen de Marte y de la propia Luna. Se trata en estos casos de restos de material que ha sido eyectado tras el impacto de un meteorito mayor contra la superficie de la Luna o de Marte. En esos casos, el material eyectado viaja por el espacio hasta que, por casualidad, se encuentra con nuestro planeta y cae en él en forma de meteorito, como el polémico ALH84001, meteorito proveniente de Marte en el que algunos creen haber encontrado huellas de vida marciana.

Así pues, queda claro que 2012 DA14 no es un meteorito, sino un asteroide. Además, fue descubierto el año pasado por astrónomos del Observatorio Astronómico de La Sagra, en Granada y que, desde el mismo momento de su descubrimiento, pasó a formar parte de los objetos NEO (Near Earth Object) y, por tanto, investigado con el fin de determinar su órbita con la mayor precisión posible.


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