MESSENGER: agua y materia orgánica en Mercurio.

Mercurio es el menos conocido de los planetas terrestres. Por terrestre entiéndase rocoso, como la Tierra, Marte y Venus. Y esto es algo que para muchos resulta paradójico: a pesar de la diferencia de distancia, casi podemos saber más de una luna de Urano que de Mercurio. Pero dentro de muy poco esperamos poder resolver muchos de los misterios del primer planeta: estamos en ello. Todo gracias a Messenger: Mercury Surface, Space Environment Geochemistry and Ranging; sonda no tripulada de la nasa que orbita al Mensajero Alado de los dioses, en un juego de palabras que NASA tuvo muy presente a la hora de ponerle un nombre a esta pequeña nave.

La sonda fue lanzada el 3 de agosto de 2004 con la idea de que entrara en órbita el 18 de marzo de 2011. Para conseguirlo, Messenger tendría que lograr una serie de carambolas espaciales en las que intervendrían la Tierra y Venus. El motivo es muy obvio: la tremenda velocidad orbital de Mercurio. Hablamos de 47.87 km/s. Para poder entrar en órbita de Mercurio, la nave debía sufrir una fuerte aceleración que le permitiera alcanzar el planeta. Con la dificultad añadida de que no podría utilizar luego la atmósfera de Mercurio para decelerar, al carecer éste de una atmósfera claramente definida.

Por este motivo, casi un año después del despegue, el 1 de agosto de 2005, la nave visitó la Tierra pasando a unos 2347 km para sufrir un primer impulso hacia el planeta Venus. Fue el 24 de octubre de 2006 cuando pasó cerca de Venus, a una altura sobre el planeta de 2992 km, que le dio un primer impulso para regresar más tarde, el 5 de junio de 2007 y pasar a tan sólo 338 km, poniendo ya rumbo a Mercurio a una velocidad considerable.

Este tipo de carambolas espaciales se utilizan para conseguir acelerar las naves y realizar cambios de dirección aprovechando las leyes físicas de conservación del momento angular y no gastar combustible. Son actuaciones muy comunes para las que hace falta una precisión bastante grande en las trayectorias de las naves y los planetas que intervienen. Pero eso es algo que hoy en día no resulta complicado del todo. Las Voyager en los años setenta utilizaron Júpiter y Saturno para salir del Sistema Solar, Juno ha utilizado recientemente la Tierra para acelerar su viaje a Júpiter. Casi todas las sondas “roban” un poco de momento angular a algún planeta para verse beneficiadas. Porque no olvidemos que las leyes de conservación nos dicen que esos cambios en la velocidad y dirección que sufren las naves son iguales y opuestos a los que sufre el planeta. La diferencia de masas hace el resto: el planeta no sufre cambios medibles, mientras que la sonda sale despedida.

Así, el 18 de marzo de 2011, aproximadamente 30 años después de la visita del Mariner 10, la única nave que ha estado en Mercurio con anterioridad a Messenger, comenzaba realmente la misión, consistente en cartografiar el planeta creando un mapa global del mismo, un modelo tridimensional de su magnetosfera y estudiar los elementos volátiles, como el hielo de agua, por ejemplo, que se pudieran encontrar en sus cráteres.

Recientemente y, en ese sentido, NASA publicaba unos datos muy interesantes descubiertos por Messenger. La sonda ha detectado una superficie brillante y oscura en los polos del planeta, que podría ser agua helada. Los datos han sido publicados en la revista Science y los investigadores han dejado claro que descartan que el material pueda tratarse de otra cosa que no sea agua.

La historia del agua en los cráteres de Mercurio viene de lejos. Desde los radares en la Tierra, ya se habían registrado observaciones que sugerían que en determinados cráteres, que tienen la característica de permanecer siempre a la sombra en los polos de Mercurio, podría encontrase agua helada. De ahí la importancia de que Messenger confirmara este punto, ya que permite descartar que los radares hayan detectado otros materiales reflectantes distintos al hielo.

El hecho de que el agua encontrada por Messenger en el polo norte del planeta se muestre oscura en determinados puntos hace sospechar a los científicos que el agua congelada podría contener materiales orgánicos. Esto también nos hablaría del origen del agua en Mercurio, ya que los científicos creen que ésta podría haber alcanzado el planeta tras chocar el planeta con cometas, hace millones o cientos de millones de años, habiendo permanecido intacta sobre la superficie del planeta durante todo ese tiempo. Una joya que no os puedo negar que me encantaría analizar en el laboratorio.


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