Gaia: el ojo gigante

En enero de 1610 la Astronomía cambió para siempre. Galileo Galilei (1564-1642), que unos meses antes había oído hablar de un nuevo invento holandés para acercar los objetos lejanos, decidió fabricar uno con sus propias manos y utilizarlo para mirar a las estrellas. Nació entonces la era del telescopio y esa imagen romántica del astrónomo mirando al cielo, con el ojo puesto en el ocular de unos artefactos que iban ganando en complejidad con el paso del tiempo.

Según los telescopios iban ganando en complejidad, un nuevo universo se iba abriendo ante nuestros ojos. Unos ojos que ya no miran por el ocular del telescopio, sino que analizan datos en un ordenador. Datos recogidos por espejos tan pulidos que cualquier desviación, por pequeña que sea, puede echar al traste con muchos meses de trabajo y dinero. Y si no, que se lo digan a los astronautas del Endeavour, que en diciembre de 1993 tuvieron que reparar el espejo primario del Hubble de una tremenda aberración esférica. Vamos, que el primer telescopio espacial básicamente era miope y tuvieron que ponerle gafas.

De aquel primer tubo de Galileo con un par de lentes pulidas por el mismo, para las que no hacía falta un láser conectado a un ordenador con una capacidad de cálculo enorme que calibrara concavidades y convexidades, hemos pasado a telescopios espaciales para evitar las perturbaciones de la atmósfera; a telescopios ciegos en el visible, que analizan el cielo en otras longitudes de onda mucho más relevantes y que aportan una serie de datos más útiles para los científicos; a telescopios en tierra que se unen para formar una base de interferencia mucho más grande que la que puede dar una única antena y ganar en precisión, como el Atacama Large Millimeter Array o ALMA, un interferómetro formado por 66 radiotelescopios de entre 7 y 12 metros de diámetro, sin duda el telescopio más grande del planeta y que nos dará una resolución 5 veces mayor a la del Hubble. Y digo nos dará porque, aunque comenzó a construirse en 1995, su inauguración está prevista para finales de 2012. Paciencia.

¿Cuánto mide un pulgar de ancho? ¿Dos centímetros y medio? ¿Tres centímetros? En 2013 la astronomía dará otro gran salto. De aquel primer tubo de Galileo con un par de lentes pulidas por él mismo, pasaremos a la cámara digital en el espacio. Como diría un periodista buen amigo mío: “la cámara digital más grande, jamás construida”. Cuando me pasaron los datos técnicos, comencé a frotarme las manos: “esto va a ser grande”, pensé. Porque Gaia, que así se llama esta misión de la ESA, la Agencia Espacial Europea, será capaz de ver desde la Tierra un pulgar humano sobre la superficie de la Luna. Aunque Gaia no estará en la Tierra.

Gaia es “especial” y “espacial”. Con su cámara digital de más de mil millones de pixeles, será capaz de analizar mil millones de estrellas de nuestra galaxia. Gaia es el telescopio mil millones, aunque costará algo más de la mitad: unos 650 millones de euros. Tocamos a un euro por europeo, dicen los que lo fabrican como quien no quiere la cosa, con aire de quitar importancia al precio en estos tiempos de crisis. Será lanzado desde la Guayana Francesa a finales de 2013 con el objetivo de situarlo a 1.5 millones de km de la Tierra con el fin de descubrir cientos de miles de nuevos objetos celestes: desde exoplanetas (que no, compañeros, que los planetas extrasolares no existen porque tampoco existen los intrasolares: ¿habéis visto alguna vez un planeta intrasolar? Pues entonces). Incluso quieren probar con él la teoría de la relatividad de Einstein. A mí me parece muy bien: una teoría científica tiene que estar siempre sometida a juicio. Pero hoy me mojo y afirmo que cuanta más precisión tengan los aparatos que se utilicen para poner a prueba la teoría de la Relatividad, más se acercará el valor experimental al valor teórico.

El 3D está de moda en el cine, pero también en la Astronomía donde, además, resulta muy interesante. Por eso Gaia determinará con precisión la magnitud, la posición, la distancia y el desplazamiento de todo objeto que vea, midiendo una y otra vez (unas 70 veces, dicen los que lo han diseñado) durante cinco años. De este modo, los astrónomos podrán construir un mapa tridimensional de las estrellas de la Vía Láctea y entender mejor su composición, formación y evolución. Habrá que esperar a 2021 para poder ver el catálogo. Pero también me mojo y afirmo que será espectacular.

Donde no me voy a mojar es en la predicción siguiente que hacen los que lo fabrican: de media se espera que descubra 10 estrellas rodeadas por sus propios sistemas planetarios, por día. Gran número de cuásares y agujeros negros supermasivos. Se espera que llegue a detectar 15.000 exoplanetas (a día de hoy, son 827 los exoplanetas confirmados y hay más de 1000 en la recámara, esperando ser analizados los datos). Y si es verdad que Gaia descubre 15.000 exoplanetas, tardaremos en saberlo, porque a lo largo de cinco años de misión, Gaia enviará a la Tierra el equivalente a casi 45.000 dvds convencionales de datos.

La comunicación con Gaia, el intercambio de información entre el telescopio y el proyecto, se hará diariamente desde las estaciones de seguimiento de Cebreros, en Ávila y Nueva Norcia, en Australia.

Para poder cumplir con esos objetivos tan optimistas, Gaia contará con dos telescopios de una longitud focal de 35 metros y un espectrómetro para calcular la velocidad radial de las estrellas, es decir, su movimiento en la línea de visión de la Tierra. Además, contará con la cámara digital más grande jamás construida, con sus 106 detectores CCD, sensores más avanzados que los de nuestras cámaras digitales. ¿Cuánto mide una tarjeta de crédito? ¿Cómo de grueso es un cabello humano? Cada sensor CCD de Gaia es más pequeño que una tarjeta de crédito y más fino que un cabello humano.

Por cierto, no quiero terminar sin mencionar que en Gaia también hay tecnología española, con una contratación de 38,6 millones de euros. Españoles son los módulos de electrónica de los CCD; la antena, la estructura y el cableado del módulo de servicio; el parasol desplegable; los mecanismos de alineación del espejo secundario y, por último, las actividades de prueba en el centro de operaciones científicas.

Y españoles son también muchos de los científicos que trabajan en el proyecto, pues no sólo con tecnología vamos a contribuir al mismo: científicos de la Universidad de Barcelona, de la Coruña, de Valencia, de Vigo, Alicante, también de la UNED, el centro de supercomputación de Barcelona, la Fundación Galileo Galilei…

Queda casi un año para el lanzamiento y ya voy sintiendo un pequeño nudo en el estómago.


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