CLOVIS Y EL DRYAS RECIENTE

A lo largo de mi vida y, sobre todo, de los últimos años a esta parte, me he encontrado con una multitud que venera el cambio climático. Afirman que la actividad humana calienta el planeta y nos lleva a la autodestrucción. Hay ocasiones en las que, no sé por qué, me apetece discutir y rebatir argumentos poco sólidos; hay ocasiones en las que no. Y esta última circunstancia se va dando cada vez más, quizá por pereza mental. Cuando así ocurre, tiendo a utilizar unas palabras de Juan Luis Arsuaga, que siempre me han parecido geniales:

“Desde hace unos diez mil años estamos en una época cálida, que ha permitido la actual expansión de la humanidad a partir del desarrollo de la agricultura. No debemos olvidarnos, sin embargo, de que se trata de un paréntesis dentro del periodo frío que supone el último millón de años. Además, en estos últimos diez mil años, el clima tampoco ha sido absolutamente uniforme. Ha habido momentos mucho más fríos que los actuales y tiempos tan cálidos o más que el presente, pero estos pequeños ciclos de calor y frío han durado pocos siglos y sus efectos puede decirse que son moderados.”

La Especie elegida, Juan Luis Arsuaga

Juan Luis Arsuaga, La Especie Elegida

No pretendo dedicar este artículo al cambio climático. Es posible que sea por pereza, segunda vez que aparece la dichosa palabra; o quizás porque tendría que empezar hablando de que Groenlandia significa tierra verde y es que, cuando llegaron los Vikingos a esa maravillosa tierra, no había hielo. Pero sí que me gustaría hablar de algo que ocurrió hace unos 12 000 años cuya causa podría estar en un fenómeno astronómico relativamente común y que, en ciertos momentos del pasado, ha causado estragos. Hablo del impacto de algún cometa o asteroide con nuestro planeta. Hablo de la alteración temporal del clima y sus consecuencias.

Pennsylvania, Carolina del Sur (Estados Unidos) y Siria. ¿Qué tienen en común? Un equipo internacional de científicos ha encontrado indicios de que la Tierra sufrió el fuerte impacto de un meteorito hace aproximadamente 13.000 años. Los investigadores han encontrado un material depositado en varias capas de sedimentos, que tiene la peculiaridad de que hace falta una temperatura de entre 1.700 y 2.200 grados centígrados para formarlo. ¿Cómo conseguir esa temperatura? Los científicos creen que como consecuencia del impacto de un objeto cósmico contra nuestro planeta. O quizá de varios, alrededor del mismo; posiblemente fragmentos de un cometa mayor.

El hecho de que el mismo material se encontrara en delgadas capas de sedimentos en zonas tan dispares como Pennsylvania y Siria, demuestra que el acontecimiento que formó ese material tuvo que ocurrir a escala planetaria, para que fuera depositado como una capa más sobre el terreno en lugares tan distanciados. Podemos preguntarnos que ocurría en la Tierra hace unos 13.000 años en cuanto al clima se refiere. O, por darle algo más de perspectiva, remontarnos hasta hace un millón de años. Podemos afirmar con rotundidad que el último millón de años supone un periodo frío dentro de los ciclos a gran escala del clima planetario. Sin embargo, los últimos 15.000 años son un paréntesis más cálido, dentro de ese periodo frío que acabo de mencionar.

Dentro de ese paréntesis de los últimos 15.000 años, sin embargo, hay un periodo breve de unos 1400 años aproximadamente, en el que el clima se volvió terriblemente frío. El periodo se conoce como Dryas Reciente o Younger Dryas. Y fue justo hace 13.000 años. Por eso, este nuevo descubrimiento ha reavivado la hipótesis de que el Dryas Reciente se originó a consecuencia del impacto de un cometa o varios meteoritos. Por cierto, el cometa tiene un nombre, Clovis, debido a que, si existió realmente e impactó con la Tierra, podría explicar la desaparición de la cultura prehistórica Clovis, amen de varias especies animales, como los mamuts americanos y los perezosos gigantes.

Estas nuevas pruebas dan un cierto impulso a la controvertida teoría del cometa Clovis. Y digo controvertida porque es cierto que la teoría no tiene excesivo respaldo entre la comunidad científica. Principalmente por la falta de datos que la confirmen. Pero eso era hasta ahora: una vez que se ha comprobado que, efectivamente, hubo un gran impacto meteorítico, bien por un objeto cometario, bien por uno o varios asteroides, cuyo calor tras el impacto con la tierra formó cierto material, en realidad materia silícea semejante a escoria, coincidiendo en el tiempo con ese periodo frío, pocas dudas puede haber.

El vidrio derretido demuestra que no se trata de material que tuviera un origen volcánico o humano. La elevada temperatura a la que se derritió el vidrio encontrado sólo se podía conseguir en aquel entonces como consecuencia de un impacto meteorítico. Hoy podríamos conseguir los mismos efectos sobre el silicio utilizando una bomba atómica.

El clima sigue sus ciclos. La temperatura de la atmósfera terrestre se adapta a los pequeños cambios en la luminosidad solar que tienen lugar cada once años; a la precesión del eje de la tierra, fenómeno a mayor escala temporal; incluso al impacto de un meteorito. Ante eso, poco podemos hacer, salvo adaptarnos.


Dejar un comentario