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Los microondas no son peligrosos

Muchas de las dudas que los ‘no físicos’ preguntan a sus amigos físicos (lo sé por experiencia) están relacionadas con los microondas y su peligrosidad. Supongo que buena parte de culpa la tiene el que la gente sabe o cree saber que la palabra “radiación” está inextricablemente unida a la palabra microondas y a partir de ahí, la imaginación suple las carencias de información con mil y una hipótesis que nada tienen que ver con la realidad. Una de las dudas que más veces he tenido que responder como físico es si los microondas producen o no cáncer y por qué. Y siempre debido a la palabra ‘radiación’. Tan alarmante es esa palabra para la gente que carece de conocimientos científicos, que incluso las resonancias magnéticas nucleares ahora se llaman TAC, con el fin de no asociarlas con la radiación.

Apofis, el destructor

La noche del 19 de junio de 2004, Roy A. Tucker, David J. Tholen y Fabrizio Bernardi revolucionaban el Observatorio Nacional de Kitt Peak, en Arizona, EEUU. Acababan de descubrir un asteroide al que dieron el nombre provisional de 2004 MN4. Le perdieron la pista y la noche del 18 de diciembre de 2004, Gordon Garradd lo “redescubría”, desde su observatorio en Australia. Posteriormente se confirmaría que ambos objetos eran el mismo. Se trataba de un asteroide de un tamaño considerable (en aquella época aún por determinar) y perteneciente al grupo Aten, como se vio tras calcular su órbita. Los Aten son objetos NEO, Near Earth Object (Objetos Cercanos a la Tierra) que tienen la mala costumbre de atravesar la órbita de nuestro planeta.

Mercurio, segunda parte: Vulcano no existe

Hay 360 grados en un círculo, 60 minutos de arco en un grado y sesenta segundos de arco en un minuto de arco. Si trazo un círculo completo, deberé recorrer 360 grados para estar en el punto original. A finales del siglo XIX, los físicos tenían un problema bastante serio con Mercurio: su órbita no se ajustaba a los valores teóricos y no lo hacía por una diferencia de 43 segundos de arco por siglo: es decir, pasado un siglo, si el planeta debía estar en el punto 360 del círculo, se habría desviado 43 segundos de arco de ese punto. Apenas nada, pero un problema enorme debido a que se estaban aplicando todas las perturbaciones conocidas sobre la órbita de Mercurio. Se sabía la distancia al Sol, la distancia a Venus, a la Tierra y que no tiene satélites. Por tanto, su órbita debería estar bastante ajustada. Pero aquel pequeño error parecía insalvable.

Vera Rubin y la materia oscura

Nacida en 1928, sus inicios en esto de la ciencia fueron un tanto anecdóticos. Podríamos decir que todo comenzó un mes de diciembre de 1951, contando Rubin con 23 años y ya casada, cuando su padre decidió invitar a ambos a una reunión de la Sociedad Americana de Astronomía, que se celebraba en el Haverford Colleage, de Pennsylvania. Dicen que estaba nevando y hacía tres semanas que Rubin había dado a luz a su primer hijo. Quizá no era el momento de acudir a un evento así, pero lo cierto es que Vera, graduada en Vassar Colleage y siendo su tesis dirigida por el mismísimo George Gamow, jamás había acudido a una reunión de la AAS y aquel día de diciembre de 1951 no sólo iba a acudir por primera vez, sino que, además, tenía que subir a la tribuna de oradores.