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Plutón no está tan frío como se pensaba.

El 18 de febrero de 1930, un astrónomo aficionado de Illinois hacía historia. Se llamaba Clyde Tombaugh (1906-1997). No es ningún secreto que Tombaugh le debía su carrera a Percival Lowell (1855-1916), millonario aficionado también, buscador incansable junto con Schiaparelli de los famosos canales de agua marcianos inexistentes, fundador del observatorio Lowell (la mejor manera de emplear su dinero) y buscador también incasable del planeta X. El planeta X debía ser el planeta aún por descubrir que, junto con Neptuno, recién descubierto (1846), explicaría las anomalías en la órbita de Urano, puesto que la existencia de tan sólo Neptuno no las explicaba del todo.

La sutil diferencia entre un asteroide y un meteorito

No son pocas las ocasiones en las que los términos asteroide y meteorito se entremezclan en el habla causando malos entendidos. Y hay una sutil diferencia. Tan sutil como pueda ser el tamaño del meteorito. Porque es un error afirmar que el meteorito pasó cerca de nuestra planeta, dado que, por definición, un meteorito es aquel asteroide que choca, repito, choca, contra nuestro planeta (o contra cualquier otro, pues meteoritos hay también en otros planetas. Hace pocas semanas, sin ir más lejos, NASA hacía pública una foto espectacular de un meteorito de hierro encontrado en Marte por la sonda Curiosity, que viene a sumarse a los anteriores encontrados por la Spirit y la Opportunity). Sutil diferencia, pues.

VYCanis Maioris. La megaestrella.

En cuestión de tamaños estamos acostumbrados a los objetos que son de nuestro orden de magnitud. Es decir, cuando hablamos de centímetros o metros nos sentimos cómodos. Incluso estoy dispuesto a aceptar que también nos sentimos a gusto con objetos que puedan medir kilómetros, aunque esto ya es algo más complicado de imaginar. Centenares de kilómetros nos empieza a incomodar. Si no, hagan la prueba: cierren los ojos e intenten imaginar un asteroide que mida unos pocos centenares de kilómetros. Difícil, ¿verdad? Aun así, tomando referencias de distancias entre localidades a nuestro alrededor, casi podemos salvar la difícil situación.

El encuentro entre Halley y Newton

Como la Ciencia la escriben los seres humanos, su Historia es la de los seres humanos. Pero nuestro destino es caprichoso, tanto individual como colectivamente. A veces llegamos cinco minutos tarde al tren que nos hubiera llevado a un lugar determinado y eso provoca que terminemos en otro sitio bien distinto, donde nuestra historia y la de la humanidad, cambian para siempre. Así son las cosas. Me cuesta mucho imaginar un mundo sin los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, el «testamento central de la ciencia moderna, la piedra angular de nuestra comprensión actual de las estrellas, planetas, cometas y mucho más», pues así hablaba de ese joya literaria, científica y cultural el gran Carl Sagan. Me cuesta mucho, pero estuvimos a punto. Caprichos del destino.

Juno desvela los misterios de Júpiter

Contaban en la Roma antigua que Júpiter era una divinidad pícara y traviesa y se ocultaba entre nubes. Sólo su esposa, Juno, era capaz de ver los secretos que Júpiter escondía tras esas nubes. En la actualidad, del Imperio Romano y sus dioses nos quedan mil historias mitológicas y los nombres de sus protagonistas. Hoy, a dos mil años de la época del gran Julio César, sin duda el mejor general de la historia, Júpiter es sólo un planeta, y Juno, la sonda capaz de mirar entre sus nubes.